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Bélver Yin del país del coronavirus

De pronto, 39 años después, este libro ha dado otra vuelta de tuerca hacia el dragón chino. Un regreso a la comparativa del espejo, el gemelismo sietemesino que nos acompañará durante los próximos meses acunando la teoría del eterno retorno, pero ya empezando a percibir las cosas de manera diferente, más por lo que intuimos que por lo que vivimos. A causa y efecto del coronavirus chino.

La génesis universal que parte de la dualidad como elemento creador parece ser mucho más coherente y polivalente en estos tiempos de sombras chinescas en el que el futuro solo podemos imaginarlo. Como el conflicto es común, todos estamos inmersos en la crisis provocada por un mismo virus. Solo el resultado en cada una de nuestras vidas es su reflejo, sumergido en un instante cuyo fin está en su destino indisoluble por encima de la tragedia. Los mundos que antes estaban tan bien delimitados, aquellos que incluso parecían antagónicos, han perdido sus fronteras limitativas y se han fundido en una oleada de supervivencia y solidaridad más allá de géneros y potencias. Es lo que tiene un azote. O empezar a ir por el Camino del Medio.

Y si somos capaces de imaginarlo, podremos crearlo. Lo importante es que saquemos lo que haya en el horno una vez cocido y que lo devolvamos no como lo recogimos, sino como lo transmutemos. Será la única manera de dar el salto.

Todos, ahora más que nunca, somos estos hermanos indisolubles que parecen encarnar la dualidad vital: el riesgo y la libertad, la enfermedad y la salud, el sueño y el despertar, arropados por esta especie de embrujo que se encuentra entre las figuras de un elaborado biombo chino, obnubilados por la espesa cortina de humo en la que estamos viviendo unos sueños no tan ajenos al opio, la vieja religión de los pueblos, tomando a cucharadas pildoritas azules o rojas que nos hagan sentirnos algo más o menos ensimismados en nuestra mismidad.

Parecía que China finalmente se habría al mundo globalizado, y entre los fardos que exportaban los humanos cargaron también el virus, dejando la puerta entre Oriente y Occidente permanentemente abierta, pero al mismo tiempo ya infranqueable, sostenida por las columnas de su Yin y de su Yang.

Qué poca casualidad es que crisis en grafía china sea la palabra mágica que lo explique perfectamente, al contener en sí dos conceptos antagónicos: peligro y oportunidad. Así pues, de lo que decidamos hacer con ella dependerá nuestro futuro. Ya nunca, por más que siempre volvamos al mismo punto de partida, las circunstancias serán las mismas, ni la sociedad, ni los estamentos, ni las clases ni siquiera el dinero, las amistades, filiaciones o familias, tampoco los amores y desamores, hasta la sexualidad ha perdido sus definiciones. Confrontamos el mundo tal y como lo conocimos desde ventanas abiertas a través de algo no táctil ni presencial, una telered de arañitas desconectadas entre sí, perdidas en afectos sin contacto humano. Quizás debamos buscar y encontrarnos descritos en la metáfora de los gemelos opuestos y complementarios de Jesús Ferrero, ya rotas las barreras conocidas, para así reconectar el interior y el exterior. 

Filóloga y traductora