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Un ejemplo de modernización agrícola: San Pedro de Alcántara en el siglo XIX

Manuel Gutiérrez de la Concha (1808-1874) fue uno de los generales liberales más famosos del siglo XIX. Partidario de la modernización de España, apoyó tanto la renovación táctica del ejército como del sistema político, llegando a decantarse abiertamente por la Unión Liberal, un experimento centrista en el reinado de Isabel II. Por ello, no resulta extraño que también tratara de llevar a cabo una apuesta económica renovadora en el campo de la agricultura.

El patrimonio de su esposa estaba dividido en lotes pequeños, territorialmente separados y distribuidos en varias provincias, que si bien rentaban algo, sus gastos de administración devoraban todo. Por ello, decidió, de acuerdo con su mujer, vender parte de esa abandonada y dispersa herencia y con el producto de esas ventas comenzaron a comprar lotes de tierra más compactos. En Málaga, Concha organizó la colonia agraria de San Pedro Alcántara, con una extensión de diez mil hectáreas regadas por tres ríos, anexos a un generoso grupo de arroyos. Asimismo, adquirió fincas en las vegas de río Guadalhorce, en la malagueña jurisdicción de Churriana, que formaron otra gran explotación con el paso del tiempo.

Una apuesta económica que afianzó el carácter de militar liberal de Manuel Gutiérrez de la Concha, preocupado por la imagen que España ofrecía en las exposiciones internacionales europeas, como mostró su correspondencia con sus agentes extranjeros. De ahí sus esfuerzos paralelos por promover el desarrollo de los ferrocarriles, o su participación en la Exposición Provincial de Productos de 1862 -organizada con motivo de la visita de Isabel II a la provincia malagueña- donde presentó sus cereales, ñame, cacahuete y algodón que obtuvieron la medalla de plata de primera clase, al igual que la de mejor ganado lanar indígena sus ovejas, carneros, cabras y un macho cabrío.

Concha ambicionó constituir en sus colonias una industria moderna basada en el azúcar de caña por lo que, desde 1863, comenzó a planear la construcción de dos o tres fábricas que absorbiesen la producción que había organizado en sus fincas. Cabe destacar que, a diferencia de otros empresarios, la renta líquida que produjeron sus bienes no sólo sirvió para pagar los gastos propios derivados de su alta posición social, sino que la invirtió en la modernización de la agricultura y no en instituciones financieras o bursátiles, como era corriente en muchos ricos de la época. El balance económico de sus explotaciones agrarias entre 1856 y 1866 fue consecuencia de los efectos positivos de las roturaciones y mejoras que impulsó en las formaciones de la colonia y de la propiedad de Churriana. No pasó desapercibido a la prensa de la época que el general había cultivado por medio de maquinaria agrícola europea, importada del extranjero, empleándose para las labores profundas arados con máquina de vapor con fuerza de doce caballos. La maquinaria agrícola más extendida en la provincia de Málaga fue la locomóvil de vapor, utilizada para mover bombas de riego. Siguiendo el ejemplo de Concha -que la había introducido en su finca de Guadalhorce- numerosos agricultores la adoptaron; catorce años más tarde sesenta fincas rurales poseían máquinas de este tipo, la mayoría en la zona de Churriana, Alhaurín, Cártama y Fuengirola.

El general importó desde Cuba una caña de la variedad denominada como "cristal", contrató personal especializado en ciudades costeras como Vélez Málaga y Almuñecar, lo que provocó un aumento de la producción azucarera, roturándose la planta en la fábrica que Martín Heredia poseía en Málaga. Ensayó nuevas formas de explotación, de acuerdo con la ley de colonización vigente, de tal manera que el gobernador civil alabó sus esfuerzos por modernizar la agricultura local. Concha comenzó a dividir sus fincas, construyendo en los terrenos una casa que entregaba a un colono, pasando numerosos jornaleros a arrendatarios en sus cortijos de Cártama, las Vegas, Capitán, Capellanía de San Ginés y otros, a los que trató de dar consejos útiles… labor social que según el gobernador Antonio Guerola evitó sublevaciones populares. Preocupado por la formación de técnicos intermedios, el general promovió la creación de una granja modelo de capataces agrícolas con el Ministerio de Fomento, cediendo terrenos para el efecto y contratando profesores extranjeros. Al final sus esfuerzos no fueron apoyados por la administración por falta de dinero.

En 1867 las rentas para continuar con la modernización de sus explotaciones agrícolas no fueron suficientes y Concha comenzó a pensar en solicitar préstamos. Debido a la escasez de dinero, las crisis económicas y el insuficiente desarrollo del crédito, después del desmantelamiento del sistema bancario español un año antes, el general decidió sufragar sus planes de construcción de una fábrica de azúcar con empréstitos que le facilitaron varios agentes privados en el extranjero, con el siguiente endeudamiento. Pero el optimismo reinaba en su casa pues, hasta su misma esposa en su testamento, redactado en 1868, reconoció que sus bienes dotales representaban una renta mayor que la que tenía veinte años antes gracias los esfuerzos de su esposo, el cual había procurado constantemente mejorar y acrecentar sus fincas y rentas. Por eso se continuó con inversiones en Churriana y San Pedro de Alcántara, gracias al crédito conseguido en condiciones muy duras y con importantes porcentajes pagados en comisiones.

Su preocupación por el progreso económico español, y andaluz por extensión, se reveló desde su tribuna y presidencia del Senado, donde, desde 1853 a 1868, destacaron las iniciativas legislativas de Manuel de la Concha. Allí defendió la construcción de vías férreas, la creación de una eficaz ley de carreteras, el impulso a las compañías de regadíos, una ley para mejorar el aprovechamiento de aguas, otra para el fomento de la población rural y un proyecto de canalización del río Ebro. Destacaron igualmente sus requerimientos para evitar las largas diligencias de los expedientes sobre riegos, regadíos, canalizaciones… que intentaban realizar propietarios, y que eran tan necesarias para el progreso de la agricultura y la creación de una clase media. En la última legislatura del reinado isabelino fue nombrado miembro de la comisión para la creación de colonias agrícolas, ante el éxito de la suya, al tiempo que protegía desde el Senado la creación de una ley para auxiliar la agricultura, reuniendo en ella todas las disposiciones dictadas acerca del fomento del campo.

En su impulso decidido a la modernización nunca le cegó la ambición económica ni se mostró a favor si se pisoteaban los derechos de los más débiles. En marzo de 1859, el Ministerio de Fomento decidió expropiar una serie de terrenos –entre ellos alguna parcela suya- para la construcción del Canal de Isabel II, afectando al suministro de varios pueblos. Concha escribió al ministro de la Guerra lamentando la penosa situación en que se iba a dejar a los vecinos de esos lugares por favorecer a los propietarios de Madrid y a los accionistas del canal, por lo que se negó a aceptar indemnización alguna, cediendo las que le correspondían al montepío de soldados que habían quedado ciegos en cumplimiento de su deber.

En su afán de capitalizarse, Concha consiguió 12 millones de reales de préstamos entre 1868 y 1872, pero las cuentas comenzaron a resentirse con frecuentes desequilibrios provocados por los altos índices de endeudamiento. Invirtió en crear una infraestructura moderna de caña de azúcar en sus fincas malagueñas con canales de riego, viviendas dignas para colonos, etc. Pero los altos intereses de sus préstamos, la mala gestión de contabilidad, la poca habilidad de sus administradores fueron letales. Las rentas de sus negocios agrarios -en medio de una mala coyuntura económica general- no fueron suficientes para poder devolver los préstamos con sus elevados intereses y, con gran realismo, el general Concha transfirió la colonia de San Pedro a su hija Petra en 1872 que, con el paso del tiempo, no tuvo más remedio que vender.

Aún hoy, en la localidad de San Pedro de Alcántara se recuerda con admiración la figura de Manuel Gutiérrez de la Concha, al que se le dedican homenajes anuales en torno a la estatua erigida en su honor.

El lector interesado puede acudir a:

-Casado Bellagarza, José Luis, La colonia agrícola de San Pedro Alcántara: 1857-1910, tesis doctoral, Universidad de Málaga, 2015.

-Moral Roncal, Antonio Manuel, El general Manuel Gutiérrez de la Concha. Una espada liberal en las guerras carlistas, Madrid, Ministerio de Defensa, 2014.

-Gutiérrez Álvarez, Secundino-José “Las inversiones del marqués del Duero”, IV Jornadas de Patrimonio Histórico. Centenario de la Sociedad General Azucarera, 1903-2002, Marbella, 2005, pp. 35-89.

-Gutiérrez Álvarez, Secundino-José y Ruiz de Azuá, Estíbaliz, “Hacia una modernización de la agricultura: el establecimiento de la colonia San Pedro de Alcántara”, Actas III. Coloquio Historia de Andalucía. Historia Contemporánea, Córdoba, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Córdoba, vol. I, 1985, pp. 54-71.