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Qué fácil es humillar a una artista

Nadie duda que en este país vivir del arte es casi una misión imposible, pero la creación artística es un bastión en donde refugiarse de la cotidianidad de la que apenas pueden prescindir algunas mujeres y hombres, que lo viven de manera intensa, que no pierden la esperanza de que algún día sea factible, y no sólo por medio de la docencia.

En términos generales, al artista se le exige talento e inspiración, y desarrollar obras de un inconfundible estilo, procedan de donde procedan y sin mayor exigencia que la de su propio talento, pero nada más lejos de la realidad.

Se puede pensar que los proyectos que se realizan desde una perspectiva de género, por ser imprescindibles para que el mensaje incida en una sociedad más justa, puedan interesar a instituciones públicas, gubernamentales, autonómicas, municipales, pero en este aspecto parecen tener razón quienes han declamado a los cuatro vientos que el arte feminista y el feminismo en general corresponden sólo a una moda. La mayoría de las instituciones muestran un descarado desinterés por el tema, y aquellas otras -unidades, centros y espacios dedicados expresamente a la igualdad de género- carecen de presupuestos o son tan raquíticos que sólo pueden realizar acciones muy alejadas de los que el Arte Feminista (sí, con mayúsculas) requiere y merece para poner el valor su calidad.

Por otra parte, para llegar a una conclusión sobre el motivo por el que las artistas no son suficientemente conocidas y mucho menos sus obras, se considera probado que gran parte del talento femenino se ha visto afectado en sus carreras profesionales por tres grandes inconvenientes.

El primero es el de ser mujer, si la discriminación de la mujer es común en todos los campos, el del arte no es la excepción. MAV (Mujeres en las Artes Visuales) dispone de un observatorio que dispone de datos actualizados sobre el número de artistas y obras en ferias, exposiciones, premios y pertenencias a colecciones en instituciones públicas, unas cifras tan desiguales que no pueden dejar de tacharse como escandalosas.

El segundo es la existencia de un extenso grupo de mujeres que, una vez cumplida la etapa de crianza (que dura más de quince años) y antes de dedicarse al de sus mayores, deciden escuchar su vocación y comienzan a realizar obra para querer aprovechar todo el tiempo que llevan de desventaja respecto a sus compañeros de carrera, pero la decepción suele ser grande, es una distancia insalvable ya que ellos llevan más de una década situándose en el mundo artístico. En ese momento son conscientes que para el mundo de las galerías de arte todas las puertas ya están cerradas. Son demasiado mayores para empezar en el circuito comercial, donde sólo se apoya los jóvenes talentos, a los que precisamente están dedicados la mayoría de los concursos de las instituciones.

Edad máxima 35 años es la “coletilla” habitual de este tipo de concursos. Imposible dejar al margen las becas y residencias artísticas, en este apartado no sólo la edad requerida, también las necesidades familiares imposibilitan en la mayoría de los casos esa gran opción.

Pero el tercero es la falta de promoción por parte de las instituciones locales, provinciales y autonómicas, como comentaba al principio. Mientras en ciertas Comunidades muy específicas se apoya a sus artistas para potenciarlas como signo de identidad territorial, en el resto, se empeñan en dedicar grandes presupuestos a exposiciones de artistas internacionales o de trayectoria consagrada, para que sean éstos los que den prestigio a las instituciones. Para demostrarlo basta remitirse a las agendas culturales de los últimos 20 años.

Existe toda una generación de mujeres artistas que ha sido ignorada, carentes de ayudas y calificadas maliciosamente como “viejunas”, pero de cuyas ideas y proyectos se vienen beneficiando (o robando) descaradamente muchos estamentos. Por todo ello, este artículo invita a una reflexión sobre la falta de apoyo institucional, sobre si hay alternativas ya que parece de justicia denunciar que se está desaprovechando un potencial enorme. Se está despreciando el poder de la denuncia a través del arte de aquellas que han llegado a esa conclusión a base de experiencia y con vocación de hacerse oír. La forma más fácil de humillar a una artista es ignorarla.

© Foto de Concha Mayordomo