¿Acaso París bien vale una misa?
La afirmación París bien vale una misa se atribuye al borbón Enrique IV, rey de Francia de 1589 hasta 1610. Se dice que la habría pronunciado cuando iba a recibir la corona en la catedral de Chartres en 1693. Para entender esta frase es necesario saber que, siendo rey de Navarra y pretendiente al trono de Francia, profesaba entonces la religión protestante, obstáculo mayor para su ambición de conseguir reinar en Francia. Al parecer popular, cuando se disponía a sitiar París, entonces capital católica, sus habitantes le hicieron saber que la ciudad se sometería si abjuraba del protestantismo y se convertiría seguidamente al catolicismo. Y así lo hizo al dictado de su interés, o de las prioridades que conllevaba la renuncia a sus principios, con el fin de lograr lo deseado. No era la primera vez que el borbón navegaba entre dos aguas, entre las dos religiones por propia conveniencia frente a las exigencias de la actualidad política.
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