Hace unas semanas hablábamos de las cinco columnas que, al igual que los rebeldes de 1936, convergían sobre el Palacio de la Moncloa para intentar tomarlo y para intentar desalojar al Presidente del Gobierno. Esas columnas son las sospechas sobre fraude electoral difundidas por José María Aznar y por Núñez Feijóo, la petición de elecciones por parte del Presidente de la Conferencia Episcopal, la presión judicial con huelga ilegal incluida, la presión simultánea del Presidente Trump con el pretexto del gasto militar y, como columna situada en el interior, los intentos de división y de rebelión en el PSOE que propician antiguos militantes. Todas estas columnas están presionando sobre el Gobierno, sobre el PSOE y sobre sus aliados y utilizan armamento diverso para intentar derribar al Gobierno, pero entre las diversas armas que utilizan hay una que es una novedad en la política española, que es la presión sobre la familia del Presidente.