Alan Garber, rector de la Universidad de Harvard: “bienvenidos los estudiantes de todo el mundo, como debe ser”. En un discurso de graduación, el académico lanzó una encendida diatriba a favor de la educación, de la investigación, de la ciencia, frente a las presiones de la administración del presidente Trump. Harvard se ha convertido, así, en un baluarte de resistencia ante los trompicones de la Casa Blanca: un centro de docencia e investigación de alta calidad, que respeta la libertad de cátedra y que, con resultados en la mano, es una referencia mundial en los avances científicos. Dani Rodrik, catedrático de Economía en Harvard, en declaraciones a El País: “Pocas cosas han contribuido tanto al poder económico y tecnológico de Estados Unidos como su capacidad para atraer talento exterior”. El prestigioso economista augura un futuro “muy sombrío” para su país, si esta orientación de Trump persiste.