EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Maltrato laboral y culto a los estereotipos

Asistí hace poco a una magnífica presentación de un libro firmado por Nuria Sánchez Madrid y que se titula “La música callada: el pensamiento social de la Edad de Plata española”. Tuvo lugar en MetaLibreria e intervinieron Santi Alba Rico y José Luis Moreno Pestaña. Esta circunstancia propició que César Rendueles, compañero mío en el Instituto de Filosofía del CSIC, invitase a Pestaña para dar una charla en la sala José Gaos del IFS. Tuve así ocasión de conocer las actividades relacionadas con su Cátedra sobre Filosofía Social de la Discriminación Corporal. Su origen es curioso. Alguna organización sindical se interesó por las tesis vertidas en “La cara oculta del capital erótico: capitalización del cuerpo y trastornos alimentario”, lo cual dio lugar a una colaboración entre la Universidad granadina y el Instituto de la Mujer. La presentación daba mucho que pensar y lamenté no poder quedarme al coloquio posterior.

Justicia y equidad

La Organización Internacional del Trabajo en el “Informe Mundial sobre Salarios 2022/2023”[1] constató ya que los salarios y el poder adquisitivo de los hogares experimentarían un menoscabo notable en dicho bienio. Fundamentalmente a consecuencia de la Covid-19 y por el incremento de la inflación.

Estado frente a mercado

La economía de mercado tiene costes, tiene riesgos. La pregunta clave es quién los asume. Aquí se establece una especie de “juego” entre la esfera pública y la privada. Esta última proclama las excelencias del mercado como institución eficiente para la fijación de precios. Pero el Estado acaba por ser una pieza determinante para los que buscan en las ubres públicas lo que ese mercado no les puede ofrecer (o ellos no pueden alcanzar). La significación del sector público para la economía se ha visto claramente reforzada por los acontecimientos más recientes que hemos vivido: por las crisis del coronavirus y de la guerra de Ucrania. Sin esa participación del Estado, ejerciendo como actor de primer recurso, todo resultaría mucho más difícil.

Agonía política

Esta legislatura va camino de no tener ningún sentido. La configuración y formas a través de las que se llegó a construir una mayoría puramente aparente ya así lo indicaban. Los acuerdos políticos, aparte de lealtad, requieren de reciprocidad. Un quid pro quo que se llama ahora. El pacto de Gobierno en el Estado desafía a todas las leyes de la física y de la política. No hay proximidad ideológica y, en cambio, un profundo sentido de venganza por parte de algunos de los que lo conforman, parece que desempeñan el papel del escorpión de la fábula de Hisopo. Voluntad de unos para gobernar, pagando a cambio un cierto precio por los apoyos aritméticamente imprescindibles, pero algunos de ellos se creen con el derecho de humillar y convertir las agonías del partir gobernante en una especie de divertimento perpetuo. No tiene ninguna lógica y supone un desgaste en la consideración de la política del todo insostenible. Resulta curioso como lo que importan no son las políticas y su significación, sino puramente la representación pública de la confrontación política, lo que se llama el “control del relato”.

¿Y cuál es la alternativa a pactar?

La jornada parlamentaria del 10 de enero ha dado para muchas crónicas y análisis, pero la conclusión más relevante e indiscutible tiene que ver con el contenido de lo aprobado: un conjunto de medidas que contribuyen al bienestar social, a la modernización y a la creación de buenos empleos en nuestro país.

Nunca estuve en París

Coincido con Vila Matas en que París no se acaba nunca. ¿Cómo había de terminarse lo que nunca empieza? No hay turista que llegue por primera vez a París: cuando aterrizas lo haces cargando con el peso de una leyenda. Eso suele suceder también con otras ciudades, pero en el caso de París el bosque de la literatura apenas nos deja ver los árboles de las avenidas, el hierro de la gran torre o el agua turbia del Sena. La primera vez que llegué a París iba borracho de libros y afanoso de sensaciones; las colmé con creces, porque París es una ciudad que da más de lo que uno imagina. Después, he regresado media docena de veces, más viejo cada vez, y más cansado, menos dotado para la imaginación y más docto en escepticismo, pero hace tiempo que comprendí que París no se me acabaría nunca, porque nunca llegaré a entender la razón última de su hechizo. El fundamento de esa mirada enamorada que desafía el tiempo está más en mí que en la propia capital francesa. Con todo, rechazo la impostura de decir que la última vez me fascinó tanto como la primera, porque eso me recuerda a quienes afirman que treinta años después viven una relación amorosa tan apasionadamente como en los primeros días del romance.

No podemos restar

No podemos restar. No está el horno para bollos. Los esfuerzos para conciliar las diferentes visiones ideopolíticas que coexisten en el ámbito de actuación de la coalición que gobierna España deben acentuarse al máximo. Debilitar a este Gobierno puede ser letal no únicamente para el PSOE, o para su líder Pedro Sánchez sino, por encima de todo, para nuestro país, ya que un retorno de las derechas extremas al Gobierno – no sería posible su acceso separadamente sin tal coyunda PP y Vox– desarbolaría plenamente no solo una trayectoria gubernamental hasta ahora específicamente progresista, sino también y sobre todo, una cohesión estatal que el Ejecutivo coaligado, hoy por hoy, garantiza. Pensar en la posibilidad de que el liderazgo de la actual derecha, o la que cabe vislumbrar a medio plazo por sus contradicciones y luchas internas de poder, se haga con el Gobierno es lo peor que puede suceder a nuestro atribulado país. Y ello porque no hay el menor vestigio de un proyecto político en la mente provincial del actual líder y menos aún en la de la lideresa, sino tan solo aventan un No a todo, como única consigna.

La política idiofónica

Ya lo sé. Necesita más. “Un idiófono, según la clasificación de Hornbostel-Sachs, es un instrumento musical que tiene sonido propio porque usa su cuerpo como materia resonadora. Los idiófonos son instrumentos de percusión”. El Partido Popular, Vox y sus palmeros opinático-mediáticos son instrumentos idiófonos. Su estructura organizativa y molecular está diseñada y aplicada a producir ruido. Entre tantas nueces en los decretos votados, solo las cáscaras resuenan. Ahora, a lo María Jiménez, “con golpes en el pecho”: “qué es esto, qué deshonra, no nos merecemos este deshonor, una humillación…”. Todo ruido, demasiado ruido de un españolismo hueco y vacío de españoles. Ya lo escribió Sabina-Nostradamus “Y al final números rojos / En la cuenta del olvido / Y hubo tanto ruido / Que al final llegó el final”.

Suscribirse a este RSS

EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.