Un hombre y un robot. El uno, frágil, real, humano. El otro, pared, rictus, sospecha. Así cabe ver el resultado del debate de la cadena privada Antena Tres entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. A un lado, un hombre al frente del primer Gobierno de coalición de la Historia contemporánea de España, que lleva sobre sus hombros el peso de una insólita época, navegando por una mar plagado de adversidades, desafíos y contradicciones, pero comprometido con su Gobierno plural en superarlos uno a uno con voluntad, hechos y medidas reales. Al otro lado, un personaje surgido de una élite regional acomodada y poderosa, blindado sobre sí mismo, aparentemente incapaz de entender la dinámica actual que envuelve a Europa y al mundo, tan bien conocida, sin embargo, por el universalismo del pueblo gallego. Cosmopolitismo frente a provincianismo. Hacer frente a callar. Actuar frente a vegetar. Hiperactivo y soso. Dos concepciones y actitudes sobre la política y sobre la vida enfrentadas en un plató de televisión donde el ruido fue el vencedor aparente de la velada. Fue una mutua falta de respeto hacia la audiencia no dejarse escuchar. Falta asimismo de los moderadores, paralizados por el temor reverencial, que no se hicieron respetar por los contendientes.