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Un hombre y un robot


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Un hombre y un robot. El uno, frágil, real, humano. El otro, pared, rictus, sospecha. Así cabe ver el resultado del debate de la cadena privada Antena Tres entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. A un lado, un hombre al frente del primer Gobierno de coalición de la Historia contemporánea de España, que lleva sobre sus hombros el peso de una insólita época, navegando por una mar plagado de adversidades, desafíos y contradicciones, pero comprometido con su Gobierno plural en superarlos uno a uno con voluntad, hechos y medidas reales. Al otro lado, un personaje surgido de una élite regional acomodada y poderosa, blindado sobre sí mismo, aparentemente incapaz de entender la dinámica actual que envuelve a Europa y al mundo, tan bien conocida, sin embargo, por el universalismo del pueblo gallego. Cosmopolitismo frente a provincianismo. Hacer frente a callar. Actuar frente a vegetar. Hiperactivo y soso. Dos concepciones y actitudes sobre la política y sobre la vida enfrentadas en un plató de televisión donde el ruido fue el vencedor aparente de la velada. Fue una mutua falta de respeto hacia la audiencia no dejarse escuchar. Falta asimismo de los moderadores, paralizados por el temor reverencial, que no se hicieron respetar por los contendientes.

Desde luego, no hablaban el mismo lenguaje y resultaba difícil hallar puntos inteligibles de conexión. El único lenguaje comprensible habría sido la pedagogía, en este caso la explicación a los telespectadores de aquello en lo que consiste la Política con mayúsculas: crear fuerza frente a fuerzas; superar obstáculos; saltar barreras; crecer; avanzar; allanar y desbaratar todo aquello que impide a la gente, a la mayoría de la gente y a las minorías acosadas, ser felices. Frente a ello, solo caben dos actitudes: impulsar la audacia, la imaginación y la valentía o, por el contrario, blindarse, encerrarse en un caparazón acorazado que anule toda visión del mundo exterior.

En cuanto a la primera actitud, la de Pedro Sánchez, muestra una voluntad evidente de impregnarse del fluir del tiempo, en su movilidad permanente, como la que muestra el mar alzado al navegar sobre las aguas. Su compromiso ha sido, según ha demostrado, el de guiar el buque gubernamental hacia puertos seguros: salarios, pensiones, muerte digna, medidas contra la violencia machista, respeto y protección de las minorías,…

La segunda actitud es, a juicio de este opinador, la que caracteriza hoy a la derecha española encarnada por Alberto N. Feijóo. Quiero creer que no se trata, pienso, de maldad intrínseca suya o de patología alguna, salvo en lo concerniente a justificar la bochornosa bunkerización del Consejo General del Poder Judicial, cinco largos años vulnerando la Constitución que esos jueces, alentados por el PP, dicen defender (líbrenos Dios de que sean los jueces, el sector menos evolucionado socialmente o más involutivo políticamente respecto a la democracia, quienes se rijan a sí mismos, como anunció Feijóo). Se trata más bien de una concepción errónea de la vida basada en negar la actividad, la dinámica social, las demandas y exigencias crecientes, e instalarse en la inmovilidad, en el no hacer, en el dejar pasar, con la idea de conseguir una seguridad absoluta que, en realidad, solo se logra plenamente dentro de un ataúd. Es el “no a todo” que vacía el programa de las derechas.

Ojalá, en vez de un mar proceloso y esquivo, la realidad política fuera la de un lago plano sin oleajes, en plena calma chicha. Pero, desgraciadamente, esa serenidad no existe. Solo cabe vencer el reto de la mar alzada encaramándose en la proa del buque que corta en diagonal el oleaje y recibir sobre el rostro la fresca brisa que nos anuncia el avance, la inminente llegada a puerto para proseguir desde allí la travesía, la vida.

En tiempos convulsos, las gentes suelen pronunciarse por la seguridad y el orden, anhelando que no suceda nunca nada. Pero es un deseo imposible de satisfacer. La vida política, social y económica es movimiento, actividad, acción, como el río cuyas aguas, a su paso por un punto de su ribera, nunca son las mismas. Dentro de las convulsiones de una época turbulenta, como la que vivimos, y precisamente para dominarlas, las gentes más lúcidas, las de corazón transparente, optan por valores de autoexpresión, de libertades personales y colectivas, de tolerancia e imaginación para vadear, pertrechadamente, todos y cada uno de los desafíos que la vida social plantea. Las mujeres son hoy la vanguardia de esta pulsión vital irrefrenable hacia la plenitud social y la igualdad, igualdad por la que los asalariados más conscientes luchan, desde siempre, denodadamente.

Son pues dos actitudes entre las cuales habrá que elegir. Y ello, independientemente de la maña o la ineptitud de quienes asesoran a los comparecientes frente a las cámaras. El hecho de que se haya eludido, por voluntad de una de las partes, la televisión pública como escenario de este único debate político es todo un síntoma de hacia quién se dirige la atención preferente del más soso de los debatientes. ¿Errores en la otra parte? Pues claro. Mostrarse vulnerable –y humano- suele implicar el pago de un alto precio entre quienes conciben la vida como una mera mecánica de aniquilación donde solo existe la fuerza bruta, frente a quienes saben y quieren gozarla con sus alegrías y avatares.

Confiemos en que las urnas reflejen que, desde la vida, incluso la muerte cabe ser entendida, porque desde la inacción, esto es, la muerte política, nada puede nunca serlo. Los votos no se ganan en los debates, se vencen más bien en los corazones. Confiemos en que su latido no se apague.

 

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.


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