El efectismo de Pedro Sánchez siempre ha sido elogiado y temido por la oposición. De su capacidad de generación de sorpresa con el calendario electoral como tubo de ensayo ya hay probadas muestras. La elaboración de la mayoría para la presentación de la moción de censura que le aupó a la presidencia de gobierno, en 2018, significó la plasmación de la osadía y la determinación del dirigente, máxime cuando un año antes se había enfrentado con todo el entramado institucional del Partido Socialista perfectamente lubricado para la aclamación de Susana Díaz, con todos los prohombres del socialismo histórico de la generación del felipismo intocable en la dirección de la candidata sevillana.