El año 2022 se va a cerrar con buenos datos económicos, ya comentados en esta misma columna, en una entrega anterior. La línea de combate de la oposición, que solía estar siempre en la esfera económica, se ha difuminado: resulta muy difícil contrarrestar las cifras positivas de crecimiento del PIB, del déficit, de la evolución de la deuda, del mercado de trabajo, puestas sobre la mesa por instituciones internacionales y por el INE y el Banco de España, con otras variables enfrentadas que presagien una hecatombe. Esta estrategia de desgaste económico, de anunciar el hundimiento día tras día, se ha volatilizado. El debate económico lo está ganando, por el momento, el gobierno.