Revitalizar la democracia o volver al populismo
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Opinión
Ante el escenario de un año electoral, primero en el ámbito local y autonómico y finalmente en las próximas generales, las últimas encuestas muestran el rápido debilitamiento del llamado efecto Feijóo en la intención de voto del Partido Popular, tanto en el apoyo de los propios como de su inicial atracción entre los anteriores votantes de ciudadanos y de Vox dentro de la derecha y sobre todo de los sectores templados del PSOE seducidos por la moderación proclamada por Núñez Feijóo. Lo cierto es que hechos como la alianza con la ultraderecha en el gobierno de Castilla y León y en general la vuelta a la estrategia de deslegitimación, la oposición sistemática a las medidas frente a la inflación y el bloqueo institucional lo han acabado desmientiendo. Algo que ya está generando inquietud entre los sectores económicos, políticos y mediaticos que creían haber apostado por un caballo ganador.
Sin embargo, el principal reto para la reválida de un gobierno de las izquierdas en las próximas generales, susceptible de ser apoyado por otras fuerzas como las actuales, es evidente que sigue dependiendo fundamentalmente de la evolución de la inflación durante los próximos meses y de su impacto sobre la mayoría de la sociedad y su poder adquisitivo, el bienestar social y la confianza en la política económica y social del gobierno, en particular en las rentas bajas y medias.
Tanto las últimas previsiones económicas como la reciente aprobación de los terceros presupuestos de la legislatura parecen despejar, aunque solo sea de forma parcial y en un contexto de incertidumbre, los tan anunciados como aplazados nubarrones de la escalada inflacionista y de la recesión económica, pero sobre todo las profecías apocalípticas de ruina y furia social de los medios de información de la derecha.
De todas formas, la cerrazón de la patronal a la negociación colectiva y el malestar provocado por la correspondiente pérdida de poder adquisitivo de los salarios, junto con la polarización y crispación políticas inducidas por el bloqueo de la derecha a la renovación de las principales instituciones del Estado, junto a la agitación en última instancia de la deslegitimación contra la mayoría parlamentaria y en particular contra independentistas y nacionalistas, con la manipulación de lo que ya es tan solo un mal recuerdo tanto de ETA como del Procés, seguirán protagonizando los intentos de la derecha por hacer prevalecer la temática identitaria y con ella su estrategia de guerra cultural, de oposición dura y desestabilización institucional frente al gobierno de la mano de la ultraderecha.
Sin embargo, una vez despejadas, quizá el principal riesgo para el gobierno de coalición pueda venir entonces de las propias filas de la izquierda y tanto de la minoría crítica de los dirigentes y barones del PSOE como fundamentalmente del enfrentamiento primero larvado y luego más explícito, con el protagonismo beligerante desde fuera del exvicepresidente Pablo Iglesias, en la actualidad hasta cierto punto algo más aplacado ante la embestida de las derechas, aunque con el riesgo de agudizarse en los prolegómenos de las elecciones municipales y autonómicas, con motivo de la presentación de candidaturas, entre el proyecto Sumar de Yolanda Díaz y las organizaciones de Podemos.
En un inicio, debido un injustificado sentimiento de culpa ante la explosión de la indignación del 15M, y luego por puro pragmatismo Izquierda Unida aceptó en su momento la confluencia desde una posición de subordinación con el proyecto populista de Podemos, dejando en el camino su tradición y su cultura políticas, todo ello a pesar de haber sido tratada despectivamente como una pesada mochila de una izquierda acomodada y sumisa por parte de Podemos.
De lo que no cabe duda de que el populismo ha resultado eficaz como estrategia electoral aprovechándose una vez más del momento de desafección política y de debilidad de la democracia en el contexto de la crisis financiera y de las duras medidas de austeridad. Sin embargo, el importante retroceso de las expectativas de sorpasso al PSOE con los recortados resultados electorales de la coalición de Unidas Podemos en la segunda convocatoria electoral, no conllevaron entonces autocrítica alguna, pasando todo inmediatamente a un segundo plano a consecuencia del pacto de gobierno con el tan denostado PSOE y de la posterior sesión de investidura.
La paradoja es que ha sido precisamente el acuerdo con el PSOE y la entrada a formar parte de la coalición de gobierno, en definitiva el aterrizaje de Unidas Podemos en la política concreta a lo largo de la legislatura, en concreto en la gestión los ministerios, y muy en particular en el ministerio de Trabajo y economía social, lo que ha servido para recuperar el papel del movimiento obrero en la política de izquierdas y en definitiva de la cultura política de IU con respecto al populismo de Podemos.
Eso explica por qué la disyuntiva actual entre el proyecto Sumar de Yolanda Díaz y las exigencias de respeto hacia Podemos por parte de Pablo Iglesias no sean solo una cuestión relacionada con el típico choque de personalismos en la sucesión de los líderes, ni siquiera de un pulso entre partidos de una IU ahora enpoderada y un Podemos desorientado y hace ya tiempo en regresión, y todo ello acentuado por la tensión del momento preelectoral. Es un choque entre concepciones políticas, aun más entre dos formas de entender la democracia. Se trata, sobre todo, de la agudización del dilema entre continuar con lo mejor de la política de gestión de la izquierda en el gobierno, como fruto de la recuperación del proyecto clásico de la Izquierda, junto al reconocimiento y la negociación política con el PSOE y la concertación social con sindicatos y empresarios con el objetivo propio del reformismo fuerte de mejorar la vida de los trabajadores y de la ciudadanía en general, o por el contrario del retorno a la estrategia de la agitación populista abandonada con la consolidación del gobierno y en particular con la salida de su líder carismático Pablo Iglesias y la agitación desde fuera del agravio frente a la subversión de los poderes oscuros, ya sean económicos, del Estado profundo o de los medios de comunicación conservadores.
De nuevo, el dilema se encuentra entre las reformas posibles frente a una ruptura indefinida y el mítico asalto a los cielos, que todavía en algunos sectores de la izquierda se consideran poco menos que imprescindible y viable.
La denostación de la estructura cultural de la izquierda provoca la pérdida de todo aprendizaje de la experiencia de la Transición y la carencia de todo recurso analítico para entender el final del populismo en la gestión de la coalición de gobierno. Pero sobre todo, que aún no seamos conscientes de que el tardo populismo siempre desemboca en la ultraderecha nacional populista que finalmente será la que lo mopolice. Es la extrema derecha la tiene una idea materialmente definida de qué es la ruptura con el sistema democrático y da contenido real al mito del asalto a los cielos.
Por eso, aunque es imprescindible dar a conocer la imagen de Sumar y de su candidata, como de hecho se viene haciendo en los últimos meses, no es suficiente. Ni siquiera con el programa para la transformación del país elaborado por las áreas temáticas. Es imprescindible además un proyecto político definido y una organización que lo sustente para darle capacidad analítica y por tanto reformadora.
La decisión de no comparecer como tal a las próximas elecciones locales y autonómicas, provocada por el choque de concepciones antes mencionado en el que es encuentra la izquierda, no facilitan su visibilidad en lo que será sin duda una primera vuelta de las generales y al mismo tiempo la base territorial de un proyecto que pretende articular a la izquierda. La reconexión de la izquierda con lo mejor de su trayectoria evolutiva y, por tanto, su capacidad para transformar la política se cimentarán o no en su base local. El municipalismo, por su directa conexión con la realidad cívica y social, puede lograr que el cambio de paradigma liderado por Sumar se asiente definitivamente y la izquierda además de impugandora recupere su capaciadad para fertilizar la democracia, porque esto o lo hace el reformismo fuerte, o nadie lo hará, esto que es una experiencia histórica puede ya siturarse como un pensamiento axiomático. Por eso no sólo hablamos de recuperar una izquierda orientada al pacto y a la reforma, si no a la democracia representativa.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.