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La excepción andaluza: del verdiblanco al fundido en negro

Hay momentos en que la política deja de avanzar por acumulación y lo hace por sustitución. No cambia únicamente un gobierno, ni siquiera una mayoría parlamentaria. Cambia el relato que durante años había servido para explicar una forma de ejercer el poder. Eso es, probablemente, lo que ha ocurrido en Andalucía con la investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla para un tercer mandato al frente de la Junta. El acuerdo de gobierno con Vox garantiza la estabilidad de la legislatura, pero liquida al mismo tiempo una construcción política que el propio Moreno había levantado con paciencia desde su llegada a San Telmo: la idea de que existía una manera andaluza de gobernar desde la derecha, distinta de la que representaban otros territorios del Partido Popular.

España habla de Estados Unidos

Cuando preguntaron a Luz Rodríguez de Peñaranda, periodista de RTVE gran conocedora de Estados Unidos, por qué razón los españoles no nos entendíamos bien con Estados Unidos, la periodista respondió: “por la escala”. ¿A qué escala se refiere?: “a la escala de país; allí, todo es enorme”. Seguramente, esa era una de las razones, físicas, de la incomprensión, de la que me atrevo a decir que es mutua. Empero, ha de haber más razones o sinrazones, entre las que quiero destacar las de tipo geopolítico.

Economía española: datos recientes

En un informe publicado hace pocos días, el banco Goldman Sachs —uno de los líderes del sistema financiero mundial— subraya que «el buen desempeño de España refleja una mejora de la calidad». Asimismo, destaca esa entidad que la economía española supera «significativamente» al resto de la zona euro, y lo hace además gracias a una mayor productividad laboral y una sólida posición fiscal. Por su parte, Christopher Pissarides, premio nobel de economía y autoridad mundial en mercado laboral, desempleo y productividad, afirmó en una entrevista reciente en El Periódico que en economía «España lo está haciendo muy bien».

Estado de shock

La noticia sobre la imputación judicial del expresidente Rodríguez Zapatero ha supuesto una sacudida excesiva para la cultura de izquierdas, donde la ética y la moralidad de sus representantes políticos siempre han sido un principio fundamental. En la actual polarización de la política española, donde la derecha juega una estrategia de destrucción total respecto al gobierno de izquierdas y al presidente Pedro Sánchez, resulta difícil saber qué es verdad, qué es solo una posibilidad y qué es abiertamente la práctica generalizada del lawfare por parte de una judicatura española casi totalmente alineada con la estrategia política de la derecha y la extrema derecha. Resulta evidente que se levantan imputaciones ficticias, como en el caso de la esposa de Sánchez, con un juez Peinado cuya rapidez para mover el caso y llevarlo a juicio resulta tan insólita como el hecho de que la propia judicatura no lo haya apartado de un caso en el que manifiesta una hostilidad injustificada. Desgraciadamente, también es cierto que el PSOE ha sido muy poco cuidadoso con un entorno con demasiados Ábalos, Koldos y Santos Jordán. Se podrá decir, y es cierto, que los casos de corrupción del Partido Popular son más numerosos y de mayor importancia, y que su única ventaja es que la judicatura los deja morir por antigüedad e inanición o, si hace falta, prevaricando.

¡P’alante!

Vox y la recuperación de la memoria de Miguel Tellado

La contención es virtud que podría ser exhibida por el Partido Popular a la hora de la espera de la llegada del próximo año, 2027, en que la previsión temporal ha de ser objeto de prescripción para la convocatoria electoral. Del mismo modo que el jefe del ejecutivo, Sánchez, podría ganar tiempo de respiro con el estiramiento del tiempo electoral, amén de la desinflamación de algunas causas judiciales en sazón en este momento que operarían en ese sentido, el PP, con sus urgencias desatadas, parece caminar en la seguridad del momento presente como lapso mollar para la obtención del máximo provecho en votos si se tiene en cuenta el poco favorable escenario judicial del partido socialista. Es decir, que no es el agónico “ahora o nunca” del PP, sabedor de su ventaja mediática por la extensión del escándalo del ex presidente Zapatero y las curiosidades familiares del presidente Sánchez, convertidas en colosales excepciones de corrupción en los avatares personales mediante la implosión de las instrucciones de los jueces.

La razón y los monstruos

El adensamiento de episodios adversos para la España que razona y delibera en términos de empatía social, genera una especial forma de angustia. Adopta un perfil culposo que lleva a preguntarse qué es lo que ha hecho mal esa España para merecer el castigo que desde tiempo atrás recibe. El castigo es el de un desdén teleguiado, rampante, intencional y ajeno contra todo lo que implica serenidad, diálogo, sensatez y contención, que atribuye a esa otra España que se mantiene intolerantemente enriscada en su tarea de zapa de toda posibilidad de concordia, de toda viabilidad de entendimiento en clave de democracia. Brotes de esta clase los hay, desde luego. Basta con observar la doble vara de medir que cierta institución togada, a través de algunos de sus principales exponentes, aplica a sus instrucciones, procesos y sentencias según se trate de la primera o de la segunda España.

Neocapitalismo: el poder de los algoritmos

Tecnofeudalismo, tecnocapitalismo, turbocapitalismo:

Se habla de que entramos en una nueva era, en un nuevo paradigma: ruptura del multilateralismo, proteccionismo económico, negacionismo generalizado, desacreditación de la democracia, dominio de los llamados tecno-magnates y búsqueda de liderazgos atribulados por redes sociales. Lo contrario, lo vigente, pero en peligro, es, con todos los matices y críticas, la idea de una globalización compartida, la apertura comercial, la conciencia del problema climático y de la emergencia energética, y la capacidad de las instituciones democráticas. Este cambio de paradigma no sabemos cómo se va a dirimir, si en mesas de negociación o en campos de batalla. Nos adentramos en una fase, sea cual sea la denominación que le demos, de gran incertidumbre en un sentido preciso: el cuestionamiento del estado actual amparado por las democracias liberales, en una dirección que nada tiene que ver con procesos de mejora, sino más bien de formación de escenarios dogmáticos y autoritarios. Distopías impulsadas por personajes que utilizan el caos como arma de dominación. Una regresión en toda regla.

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