Un poeta desconocido de la guerra civil
Hoy no sabemos quien es Alfonso Martínez Carrasco, pero este escritor publicó en 1938 sus Poemas rojos con muy buenos padrinos: Dolores Ibárruri, “Pasionaria”, le dedicó un párrafo elogioso y Antonio Machado le escribió un prólogo, en el que le presentaba como un “soldado del pueblo”, de estilo violento, que hacía versos que parecían proyectiles lanzados contra la cabeza del adversario. Su vocabulario no era del que acostumbrara a imprimirse, pero al gran poeta sevillano ya le parecía bien que el público pudiera leer las palabras que se utilizaban todos los días. No obstante, también parecía insinuar que, en aquellas dramáticas circunstancias, el valor literario tenía menos valor que el efecto propagandístico. Porque la auténtica prioridad no era otra que ganar la guerra, “que es lo vital de nuestros días”.
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