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EL PERIÓDICO
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Francisco Martínez Hoyos

Francisco Martínez Hoyos (Barcelona, 1972) se doctoró con una tesis sobre JOC (Juventud Obrera Cristiana). Volvió a profundizar en la historia de los cristianos progresistas en otros estudios, como su biografía de Alfonso Carlos Comín (Rubeo, 2009) o la obra de síntesis La Iglesia rebelde (Punto de Vista, 2013). Por otra parte, se ha interesado profundamente en el pasado americano, con Francisco de Miranda (Arpegio, 2012), La revolución mexicana (Nowtilus, 2015), Kennedy (Sílex, 2017), El indigenismo (Cátedra, 2018), Las Libertadoras (Crítica, 2019) o Che Guevara (Renacimiento, 2020). Antiguo director de la revista académica Historia, Antropología y Fuentes Orales, colabora en medios como Historia y Vida, Diario16, El Ciervo o Claves de Razón Práctica, entre otros.

Betty Friedan y la rebelión de las mujeres

Los sesenta fueron una década prodigiosa en muchos aspectos, también en el de la lucha por la igualdad de género. En 1962, Betty Friedan publica La mística de la feminidad, un libro llamado a convertirse en un bestseller de la nueva ola del feminismo. La insatisfacción femenina que había radiografiado Friedan se enmarcaba en un amplio proceso de cambio social. La expansión económica que siguió a la Segunda Guerra Mundial multiplicó los salarios, con lo que muchas familias pudieron mejorar su estatus a través de automóviles y casas en barrios acomodados. Surgió así una clase media que pasó a vivir en una especie de getho para ricos, donde la gente se hallaba desconectada de la suerte del común de los ciudadanos. Estos afortunados se convirtieron en los colonos de una “frontera de juguete”, en un territorio donde no se encontraban ligados a sus vecinos por ningún tipo de lazo social.

El terrorismo de Estado y Kennedy

Hay quien hereda mansiones o yates. John F. Kennedy, al llegar a la Casa Blanca, heredó las conspiraciones contra el régimen cubano. El 19 de enero de 1961, un día antes de la transferencia de poderes, Eisenhower le dijo que el país no podía tolerar, a largo plazo, que alguien como Fidel Castro estuviera en el gobierno cubano. JFK, como demuestra su actuación posterior, estuvo conforme con este punto de vista. Durante su mandato, trató de eliminar por múltiples vías al régimen comunista de La Habana. Sin embargo, se ha discutido si fue responsable del desarrollo de las conspiraciones anticastristas. ¿Habría que atribuir los planes clandestinos, más bien, a unos servicios de inteligencia que habrían actuado por su cuenta? Para autores que simpatizan con Kennedy, como David Talbot, la CIA se convirtió en una de las grandes obsesiones del presidente, casi en un enemigo a abatir. La Agencia, acostumbrada a operar con un amplio margen de autonomía, se habría resistido a colocarse bajo una supervisión política. No obstante, la idea de un organismo que actúa por su cuenta resulta improbable porque, como diría el entonces secretario de Defensa, Robert McNamara, la CIA se caracterizaba por su alta disciplina. Los oficiales del gobierno la controlaban por completo.

Azorín y el problema de España

Azorín murió en 1967 como una vieja gloria de la literatura castellana. El público y la crítica le conocían por sus numerosos libros sobre los paisajes peninsulares, o por los miles de artículos periodísticos publicados a lo largo de su dilatada carrera. El reconocimiento de su ancianidad poco tenía que ver con las penalidades de su juventud, cuando, en medio de la mayor precariedad económica, había intentado abrirse paso en el mundo de las letras casi como si fuera un gladiador. Tenía tantas ganas de triunfar, fuera como fuera, que no dudó en firmar textos escandalosos con tal de atraer la atención.

Cuando JFK se estrelló en Bahía de Cochinos

Este año se cumplen sesenta años de un desastre que no supieron prever las mejores cabezas de la Casa Blanca. Pocos mandatarios de Estados Unidos, en efecto, han empezado tan mal en política exterior como John F.Kennedy. Al poco de instalarse en el Despacho Oval no se le ocurre nada mejor que autorizar una invasión de Cuba por parte de fuerzas anticastristas. La expedición acabará como el rosario de la aurora después de una planificación que podemos calificar, en el mejor de los casos, de chapucera. Esta operación, en la línea del anticomunismo típico de la guerra fría, da a entender que JFK supuso un cambio más en el estilo que en la sustancia. En 1961, el dinámico líder demócrata era un hombre progresista para los estándares americanos, pero mucho más conservador de lo que pretende su leyenda dorada.

Cardijn y los mecenas que financiaban a la JOC

Sobre el cardenal Cardijn y la JOC (Juventud Obrera Cristiana), la gran obra de su vida, se han escrito ríos de tinta, muchas veces para contar la historia épica del profeta que tomó conciencia de que la clase trabajadora había vuelto la espalda a la Iglesia. Desde su aparición en la Bélgica de los años veinte, el movimiento protagonizó una prodigiosa expansión mundial en medio de grandes actos multitudinarios. No se ha prestado tanta atención, en cambio, a la financiación de tantas actividades que suponían, por supuesto, infinidad de gastos.

La Marsellesa interior

Hay momentos en la vida en los que necesitas hacer balance, determinar cuál es el “estado general” de tu persona. ¿Cómo estás? ¿Hacia dónde quieres encaminar tu vida? Cuando sientes que permaneces encadenado al absolutismo de las circunstancias, es el momento de preguntarte qué es lo que necesitas hacer. Hubo un país, Francia, que se vio en esa misma situación hace muchos años, en 1789. En su caso, la tiranía que soportaba era la de un rey. Se convocaron entonces los denominados “Estados Generales”, a donde estaban llamados la nobleza, el clero y el pueblo llano. ¿Cómo tomar el pulso a las necesidades de la nación? Por todas partes se elaboraron los Cuadernos de quejas, en los que la gente anotaba todo aquello que le parecía mal y sugería sus propuestas de cambio. En todo proceso curativo, el primer paso es simple realizar un buen diagnóstico. Necesitamos, antes de actuar, saber qué pasa, qué nos pasa. Solo así llegarás a sanar tus heridas.

  • Publicado en Cultura

Los rebeldes de pega

El discurso antisistema era, en otros tiempos, cosa de la izquierda. Con excepciones, puesto que el fascismo supo venderse en los años treinta como una protesta contra lo establecido. Pura palabrería, por supuesto, pero algunos incautos creyeron que los nazis eran “socialistas”. Ahora, ciertas ideologías reaccionarias vuelven a presentarse con el aura de la rebeldía, en otro intento de capitalizar en beneficio propio la frustración popular. Determinados autores, al más puro estilo de la autoayuda, nos advierten de que vivimos bajo control, en Matrix. Suerte que tenemos a mentes privilegiadas que se ofrecen para sacarnos de nuestra ceguera. Por lo general, antes hay que comprar su libro.

Crítica a la Paranoia

Según un prejuicio popular, la Edad Media sería el tiempo de la superstición y el mundo en que vivimos el de la racionalidad. Hay abundantes indicios, sin embargo, que desmienten este tópico. Pese la extensión del sistema educativo y la proliferación de medios en los que informarse, las teorías conspirativas se extienden sin freno. Mucha gente está dispuesta a creer que las cosas malas que suceden en el mundo obedecen a poderes que actúan en la sombra, a las conjuras siniestras de los adversarios políticos. Este es, precisamente, uno de los rasgos comunes de este tipo de teorías: delimitan con nitidez el campo del “nosotros”, integrado por víctimas inocentes, y el terreno incierto de un “ellos” en el que unos seres siniestros conspiran sin cesar en aras de sus ilimitadas ansias de dominación. Estos individuos formarían círculos muy restringidos, pero nadie explica de donde sacan tan escasos individuos los medios coercitivos con los que imponer su voluntad y no ser derrocados por la mayoría. La cuestión de la naturaleza del poder permanece, de esta forma, al margen del estudio.

Camilo, el cura guerrillero

Cantaba el uruguayo Daniel Viglietti que a Camilo Torres (1929-1966) lo habían clavado “con balas en una cruz” y que lo habían llamado bandido, igual que a Jesucristo. El tema, Cruz de luz, pertenecía al álbum Canciones para el hombre nuevo, editado en 1968, el año en el que lo imposible parecía posible en todo el mundo. Viglietti homenajeaba así a un icono continental de la izquierda latinoamericana, en el que las convicciones revolucionarias hallaban fundamento en una profunda fe religiosa.

Engels y la clase obrera inglesa

Friedrich Engels (1820-1895) vivió toda su vida a la sombra de su amigo Karl Marx. Él mismo no tenía problema en reconocer que, de los dos, era Marx el auténtico genio. Juntos dieron a la luz el Manifiesto Comunista, un clásico de la literatura subversiva de todos los tiempos. Pero Engels, en solitario, también produjo estudios que le acreditan como un pensador notable. Tal vez el más importante sea su primer libro, La situación de la clase obrera en Inglaterra (Akal, 2020), publicado originalmente en 1845. Se trata de un completo informe sobre las condiciones de vida del proletariado inglés a partir de una montaña de fuentes, desde informes oficiales a prensa de la época pasando por la propia experiencia personal del autor. Este no habla solo de oídas: ha visitado los suburbios y hablado con los trabajadores para conocer su situación.

Desmontando los tópicos sobre Marx

Al contrario de lo que muchos creyeron, la caída de la Unión Soviética no ha supuesto el ostracismo para el pensamiento de Karl Marx. En realidad, eso es lógico puesto que ningún autor tiene la culpa de las distorsiones que la posteridad introduce en sus ideas. En los últimos años, ante la palpable crisis del capitalismo, muchos han vuelto la mirada hacia el autor de El capital. Uno de los interesados en su figura, el magnate George Soros, no es precisamente un izquierdista, pero sí lo bastante listo para apreciar la pertinencia de la crítica si se quiere salvar el sistema. Así, las obras del teórico alemán no dejan de editarse, lo mismo que los libros acerca de su vida. Uno de los más ambiciosos es el del historiador sueco Sven-Eric Liedman, Karl Marx. Una biografía (Akal, 2020), donde el lector encontrará una refutación de algunos de los mitos que rodean al protagonista.

  • Publicado en Opinión

El Che, tarzán blanco de la Revolución

Del Che Guevara se recuerda su trágico fin en Bolivia, pero no tanto una aventura anterior, también desastrosa, en el Congo. Marchó de Cuba con el sueño de crear uno, dos, cien focos de insurrección en su lucha contra el imperialismo. Con unos cuantos hombres valientes y decididos, pensaba reproducir la revolución castrista tantas veces como fuera posible. Una visión incorrecta de la Historia le jugó en este caso, como en otros, una mala pasada. Actuaba como si los únicos héroes de la lucha contra Batista hubieran sido los “barbudos” de Sierra Maestra, minusvalorando así la aportación urbana y también una verdad fundamental: la dictadura se derrumbó por su propia podredumbre, no tanto por los méritos de sus enemigos.

  • Publicado en Cultura

Bryce Echenique y la sátira del Perú

Hijo de la burguesía limeña, con un presidente de la República entre sus ancestros, Alfredo Bryce Echenique (1939) tuvo la educación de élite que correspondía a su clase social: fue alumno de dos importantes colegios norteamericanos, el Inmaculado Corazón y el Santa María. Estaba, en principio, destinado a ser banquero. Su familia le presionó para que estudiase leyes y él, en efecto, se licenció como abogado, aunque cuando llegó el momento de ejercer prefirió marcharse a Europa a cumplir su sueño, ser escritor. Dejó la seguridad económica por las estrecheces de una beca en París, donde llegó en 1964 y, al menos, tenía la compensación de hacer lo que le gustaba. Estaba convencido de que si continuaba en su país, en un mundo que consideraba opresivo, nunca conseguiría dedicarse a la literatura por más que tuviera el apoyo de su madre, la responsable de introducirse en el mundo de Marcel Proust. Ella fue, por cierto, una de las pocas personas que confió en su futuro literario.

  • Publicado en Cultura

Leer a los clásicos

El argumento y el tema no son la misma cosa. Hay quien piensa, por ejemplo, que Camino a la perdición es una película de tiros porque la protagonizan gánsters. En realidad, la cinta de Tom Hanks y Paul Newman va sobre las relaciones entre padres e hijos, sean el vínculo de naturaleza biológica o de otro tipo. El lector de la Ilíada, la clásica epopeya atribuida a Homero, corre también el peligro de perder de vista el significado profundo para quedarse solo en la superficie de la trama. ¿No está lleno el poema de episodios bélicos? Algunos, por cierto, rozan lo gore por su extrema violencia. Pero, si miramos más allá, comprobamos que los protagonistas, aunque sean hijos de su época, son portadores de emociones universales en las que nosotros, los ciudadanos del siglo XXI, aún podemos reconocernos.

  • Publicado en Cultura

Elogio de Menéndez Pelayo

Vivimos en medio de un maniqueísmo deplorable. Los intelectuales acostumbran a elogiar solo a los de su cuerda, como si en el campo contrario solo existieran las tinieblas y la maldad. Y, a menudo, a una figura histórica de la denigra por un aspecto concreto que, aunque sea cierto, no excluye otras facetas positivas. Como si un personaje tuviera que ser enteramente bueno o enteramente malo. Como si reconocer lo bueno significara, ipso facto, da por bueno lo malo. De esta forma, nos llegan con frecuencia, más que imágenes, caricaturas de los grandes protagonistas de nuestro pasado. Tomemos, por ejemplo, a Marcelino Menéndez Pelayo. Muchos de nosotros pensaremos en elsantanderino como un sabio antipático, un martillo de herejes que exaltaba la rancia España católica del concilio de Trento. Aunque esta fuera toda la verdad, seguiríamos teniendo razones para disfrutar de su magnífica prosa porque lo cortés no quita lo valiente. El caso es que su personalidad, como nos enseñó Mario Crespo López en Marcelino Menéndez Pelayo (Alfons el Magnànim, 2016), una excelente biografía, no acaba de encajar en el fácil estereotipo.

  • Publicado en Cultura

Unamuno y el espíritu de contradicción

Miguel de Unamuno (1864-1936) vivió a la contra de todo y de todos. No es casualidad que uno de sus libros se titule, precisamente, “contra esto y aquello”, por más que él, con el tiempo, renegará de la “leyenda” que le presentaba como un perpetuo disconforme, más centrado en destruir que en construir. Reconocía, de todas formas, su parte de responsabilidad en la construcción de esa imagen pública. Se consideraba a sí mismo un agitador, alguien que no buscaba dar respuestas sino estimular a otras mentes a reflexionar sobre las grandes cuestiones. Si para conseguirlo tenía que herirlas, que así fuera. Su obligación no era complaciente con los demás sino agredirlos, decirles lo que no querían oír para hacerlos andar.

  • Publicado en Cultura

Jesuita por el socialismo

Aviso al lector: este no es un artículo sobre nadie que acapare las portadas de las revistas, ni trata sobre una cuestión de candente actualidad por más que el tema alcanzara su momento de gloria en los sesenta y los setenta. ¿Quién se acuerda a estas alturas del diálogo entre cristianos y marxistas? Más allá de la moda del día, los historiadores también tienen que ocuparse de los sueños rotos. Alfonso Carlos Comín personificó, para mucha gente, este encuentro entre la cruz por un lado y la hoz y el martillo por otro, pero, junto a su figura carismática, se hallaba también Juan N.García-Nieto París (1929-1994), una jesuita crucial que increíblemente aún no ha sido aún estudiado en una buena biografía científica. Solo tenemos apuntes de sus amigos y admiradores, en los que prima el sentido de homenaje sobre el propiamente histórico.

  • Publicado en Cultura

Kennedy y el mito de Camelot

Tras el asesinato de JFK, su vicepresidente, Lyndon Johnson, ocupó el poder. Era lo que le correspondía en derecho, pero la familia Kennedy no dejó de verle como un usurpador, en especial Bobby. El Fiscal General detestaba al nuevo mandatario y este pagaba con la misma moneda, convencido de que solo era un niñato soberbio.

  • Publicado en Cultura

El anarquismo cristiano de Dorothy Day

La opresión de las minorías, la lucha por la paz… Esas eran las inquietudes del Catholic Worker, un periódico y un movimiento social en torno al anarquismo cristiano de Dorothy Day (1897-1980), una activista de izquierdas que, tras una sorprendente conversión al catolicismo, dedicó el resto de su vida a la lucha en favor de los desheredados. Fue, en muchos sentidos, una mística del siglo XX.

La Rosa revolucionaria

Tuvo que huir de su Polonia natal para huir de la represión contra el movimiento obrero. Rosa Luxemburgo (1871-1919) tenía entonces 18 años y desde los 16 ya era una activa militante revolucionaria. Ese ya era suficiente motivo para que la persiguieran, pero tampoco podía olvidar su condición de judía, por más que no fuera una persona religiosa: el antisemitismo no distinguía entre practicantes y no practicantes.

  • Publicado en La Zurda