Si abril es el mes de la Segunda República, febrero lo es de la Primera, proclamada el once de febrero de 1873 después del precipitado final del reinado de Amadeo de Saboya, un experimento de Monarquía democrática, distinta a la extremadamente conservadora Monarquía constitucional isabelina, que fracasó, como después lo haría en un breve período de tiempo la propia primera experiencia republicana española dentro del ajustado Sexenio Democrático tan sugerente y estimulante para los historiadores, como para los españoles y españolas del presente. Este artículo quiere plantear, muy sucintamente, algunas claves, precisamente sobre el fracaso de la República desde una postura que intenta calibrar o, al menos, valorar causas que no tienen que ver exclusivamente con los supuestos errores del republicanismo español, que parece que fueron los determinantes según posturas historiográficas que, al parecer, siguen imperando, como no hace mucho hemos visto desde altas instituciones académicas sobre la supuesta bondad general de los regímenes monárquicos en la historia contemporánea española.