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¿Libertad de presos o amnistía?: la postura socialista hacia 1976


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Nada más comenzar el año de 1976, y recién enterrado Franco, el PSOE se pronunció públicamente por la libertad de los presos políticos y sindicales, al considerar que era un clamor en España. Los socialistas proclamaron que todas las organizaciones de oposición al régimen, movimientos populares, colegios profesionales, etc. se estaban movilizando para conseguir este objetivo. Todas las personas que se encontraban privadas de libertad, que tenían disminuidos sus derechos cívicos, que tuvieron que expatriarse para eludir la cárcel y quizás algo peor, tenían derecho a que en España se alcanzara el derecho a que nadie pudiera sufrir persecución por sus ideas, “siempre que éstas no se opongan al bien de la comunidad democrática”, es decir que desde el primer momento los socialistas ponían un límite a la tolerancia, y que no era otro que el de que se debía aplicar a los intolerantes.

Pero los socialistas querían manifestar una serie de lo que denominaron puntualizaciones sobre la forma de llevar a cabo la petición de libertad, y tenía que ver con el concepto de amnistía. Los socialistas afirmaban que cuando unos pedían amnistía y ellos pedían libertad, todos pretendían lo mismo, pero, insistían, había matizaciones. Nos parece sumamente interesante recuperar esta posición del PSOE dentro del debate que en nuestro presente se entabla sobre las amnistías que se produjeron en la Transición.

Los socialistas afirmaban que cuando el ordenamiento penal español contemplaba la amnistía lo hacía al estudiar las formas de extinción de responsabilidad pena, haciendo desaparecer la pena y sus efectos, es decir, reconociendo que previamente se había llevado a cabo una actividad delictiva. Pero los socialistas no reconocían haber cometido delito alguno que fuera necesario amnistiar.

Pero, además, tampoco la amnistía, en sí misma, suponía, y siempre para los socialistas, un cambio sustancial en la situación de todos aquellos que durante años venían constituyendo la oposición al régimen. De nada serviría extinguir una responsabilidad penal si, previa o coetáneamente, no se hacía desaparecer la legislación que dio lugar a que se produjera la condena. Un amnistiado podría ser de nuevo detenido por los mismos motivos por los que en su día había sido condenado.

Así pues, según lo que había aprobado el XIII Congreso del PSOE lo que se pedía más que amnistía era la liberación de todos los presos políticos y sindicales, como hemos indicado en el comienzo del artículo.

Debía derogarse la legislación que restringía o limitaba las libertades a que tendrían derecho todos los ciudadanos, recogidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, reconociéndose explícitamente la libertad de partidos políticos, la libertad sindical, la libertad de reunión y expresión, y el derecho de huelga y manifestación. Estos reconocimientos llevarían inmediatamente aparejada la liberación de todos los presos y detenidos por motivos políticos o sindicales porque al desaparecer la figura delictiva igualmente caía por su base el hecho del encarcelamiento. La libertad debía ir acompañada, además, por la cancelación completa de los antecedentes penales y policiales.

Los socialistas ponían ejemplos sobre la libertad de presos políticos. Al terminar la Guerra Mundial ni en Italia, ni en Francia o Alemania se había amnistiado a los perseguidos por el fascismo y el nazismo. Simplemente, se abrieron las cárceles y a nadie se le ocurrió pedir una amnistía. Y eso mismo había hecho la dictadura en 1939 al abrir las puertas de las cárceles.

Lo que se pretendía se resumía en una palabra, “libertad”.

Hemos trabajado con el primer número de enero de 1976 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

 

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