La guerra sucia. La República contra la Quinta Columna, de Julius Ruiz
- Escrito por Antonio Manuel Moral Roncal
- Publicado en Cultura
Julius Ruiz, La guerra sucia. La República contra la Quinta Columna, Barcelona, Editorial Espasa, 2024. 910 páginas.
Mucho se ha escrito sobre la famosa “Quinta columna”, alusión a los colaboradores y agentes de la España nacional en la zona controlada por el Frente Popular durante la guerra civil española. Pero ahora, el profesor de la Universidad de Edimburgo, Julius Ruiz presenta su investigación de muchos años sobre la policía secreta republicana y su batalla contra la Quinta Columna. Bajo dirección de agentes ligados al PSOE y el PCE, las principales organizaciones de contraespionaje republicanas, o sea el DEDIDE (Departamento Especial de Información del Estado) y el SIM (Servicio de Inteligencia Militar), buscaron y desarticularon a las organizaciones simpatizantes franquistas que se movieron entre la clandestinidad. Pero también se implicaron en la persecución de antifascistas tachados de trotskistas por sus enemigos de izquierdas, instalados en el aparato del poder. Eso sí, la CNT-FAI quedó excluida de la policía secreta a partir de los sucesos de mayo de 1937, a diferencia de personas ligadas al catalanismo, nacionalismo vasco y republicanos de izquierdas a los que se acogió en sus filas.
La tesis que plantea el autor es que esos servicios de policía secreta tuvieron mucho más éxito a la hora de delimitar las acciones de la Quinta Columna de lo que se ha creído hasta el momento. Instruidos por la NKVD soviético, agentes españoles utilizaron sus métodos para extraer información a los sospechosos al tener poderes ilimitados, actuando bajo la autoridad del presidente del gobierno Juan Negrín.
Pero ¿existió la Quinta Columna realmente? A partir del invierno de 1936, diversos grupos de resistencia antiizquierdista, preocupados por sobrevivir en la España del Frente Popular, fueron fusionándose hasta formar redes autónomas más amplias en la primavera de 1937. Su eficacia se demostró al ser capaces de establecer -en plena guerra- una comunicación regular con los servicios de inteligencia franquista. Y así, con la ayuda del SIPM (Servicio de Información y Policía Militar), dirigido por el coronel José Ungría desde Burgos, varios grupos quintacolumnistas suministraron a sus superiores en 1938 informaciones decisivas sobre sus adversarios. Si bien, para Julius Ruiz, la Quinta Columna no ganó la guerra, suministró muchísima información y ayudó a una transición en el poder, sobre todo en Madrid, al final de la guerra.
El libro entronca represión, miedo, violencia y lucha política pero también descubre aspectos nunca analizados, como la composición de los miembros de estas organizaciones. Así, en el DEDIDE sólo 24 de los 268 miembros de su personal eran ya policías antes de la guerra. Y 42 trabajan allí sin tener carnet de partido o sindicato, al ser técnicos cuya presencia era necesaria, por lo que se relajaba la vinculación política. La guerra civil española fue un conflicto protagonizado por jóvenes en primera fila en ambos bandos, por eso no sorprende al autor que el líder del DEDIDE, Francisco Ordóñez Peña, tuviera 23 años y Santiago Garcés Arroyo contara con 22 cuando Negrín le confió la jefatura del SIM en mayo de 1938. Y de los 268 agentes del DEDIDE, 71 tenían 26 años o menos en el momento de su incorporación y sólo 48 habían nacido antes de empezar el siglo XX.
Se analiza también la persecución a izquierdistas contrarios a la preponderancia de grandes partidos, así como el protagonismo de Negrín en su “guerra contra el trotskismo”, que representó, en opinión del autor, un desastre propagandístico internacional de la República. Sin embargo, el conocido asesinato de Nin acentúo el anticomunismo de Indalecio Prieto, ministro de Defensa de Nacional, el cual impulsó la creación del Servicio de Inteligencia Militar en agosto de 1937, para no confundirlo con el Servicio de Información Militar. De esa manera, no fue un producto soviético, sino la culminación de un proceso de amplia base política encaminado a la formación de una agencia de contraespionaje militar centralizada. De ahí que sus tres jefes fueran afiliados al PSOE, aunque Prieto aseguró que los comunistas lograron finalmente hacerse con el control de “su” Servicio en la primavera de 1938.
Los siguientes capítulos analizan la organización central y las demarcaciones, sus métodos y logros en la captura de quintacolumnistas, los juicios y condenas de los mismo, la impunidad judicial de la que gozaron los policías secretos a lo largo de la guerra pese a los intentos del ministro Manuel Irujo por “normalizar” el funcionamiento de la Justicia y promover canjes de prisioneros. El libro descubre documentación y acciones inéditas realmente interesantes, como las órdenes que recibió el SIM Central a sus agentes cuando llegara la victoria final: al reconquistar España su misión sería vigilar a la población civil e identificar a “los elementos destacados fascistas y los que más estrecha relación tenían con los elementos invasores extranjeros”. Como todo buen libro de Historia, el debate está servido.
Antonio Manuel Moral Roncal
Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.
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