Indignar a un pueblo es la peor política que se puede seguir. Es el verdadero fuego que anima su espíritu. Cuando Napoleón entró en España (el Napoleón verdadero, no el petit) ignoraba esto. Una de las cosas que más puede indignar a un pueblo es que haya, no dos varas de medir, sino tres: una para uso propio, otra para uso ajeno, y una tercera en la no hay congruencia ni con los propios usos. Es el abuso de la discrecionalidad. Esto debería dolernos a los españoles. Es impresentable que se trate a Marruecos como una democracia preferente cuando no es ni la sombra de una democracia ni había necesidad de tal preferencia, al menos respecto a nosotros. Ahora mismo hay socialistas, demócratas, periodistas, en las cárceles. Esta operación de dar relevancia a Marruecos en detrimento de España parece que se comenzó a pergeñar entre EEUU y Francia a partir de 2004. Significaba avanzar hacia el Sur la defensa occidental (¿contra quién, contra Argelia que, sin problemas, le vende el gas a Italia en detrimento de España?). ¿Acaso nosotros no somos suficientemente fiables?