EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Afganistán. La ocupación soviética (I)


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La invasión soviética de Afganistán a finales de 1979, estuvo acompañada, como no podía ser menos, de cambios políticos importantes, en el seno del régimen comunista afgano. Una vez eliminado Hafizullah Amin, Moscú impuso a Babrak Karmal, como Presidente del Consejo Revolucionario, convirtiéndose de ese modo, en el nuevo Jefe del Estado de la República Democrática de Afganistán. Asimismo, fue designado primer ministro y secretario general del Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA). Con la elección de Karmal, reapareció el faccionalismo característico del PDPA: Karmal era el principal dirigente del Parcham, grupo que dominaba el poder en detrimento del Khalq. A pesar de los intentos soviéticos, de restablecer la unidad en el PDPA, los ajustes de cuentas, entre las dos facciones del mismo, continuaron. Y las purgas de oficiales del ejército y de miembros del partido, vinculados al Khalq, fueron una constante después de diciembre de 1979.

La época del gobierno de Khalq, se había caracterizado por la determinación, a la hora de imponer cambios inmediatos y radicales. Karmal, por el contrario, optó por un cambio de rumbo político, y los primeros tiempos de su administración, estuvieron marcados por una apertura del régimen: se liberaron presos políticos, se toleraron aspectos característicos de la sociedad tradicional, y se hicieron concesiones al Islam. La cuestión religiosa siempre representó para los marxistas, un aspecto difícil de tratar, habida en cuenta la importancia del Islam, entre la población afgana. Sin embargo, a medida que avanzaba la rebelión, el PDPA adoptó una posición más hostil, hacia las autoridades religiosas y hacia las grandes familias religiosas, porque las consideraba simpatizantes y colaboradoras, de la oposición armada.

Tras la invasión soviética, se pasó a una política más tolerante con el Islam y los dirigentes religiosos. Este cambio no fue casual, ya que en Afganistán, dos principios determinaban el combate por la libertad: el Islam y la independencia. Por eso, el régimen de PDPA favoreció los particularismos étnicos, y reconsideró su actitud hacia la religión. La resistencia se había convertido ya, en la verdadera representación del pueblo afgano. El tradicional rechazo del PDPA hacia la sociedad tribal, considerada atrasada y feudal, fue sustituido por una política de tolerancia, que reconocía y respetaba las costumbres y el modo de vida de las tribus.

El daño, sin embargo, ya estaba hecho, y la mayoría de las etnias estaba contra el gobierno del PDPA. Kabul no se fió nunca ni un pelo, de la ayuda que podían ofrecer etnias como los tayikos o los hazaras, como lo demuestra el hecho, de que los oficiales comunistas encargados de la seguridad, fueran siempre de origen pastún. Sin embargo, de poco le valió esta prudencia al PDPA, pues también tuvo que enfrentarse al alzamiento de los pastones, etnia de la que procedía, la mayor parte de los dirigentes marxistas. Las causas del enfrentamiento eran de tipo político, y entre ellas estaban la política de acercamiento a las diversas etnias nacionales, y el intento de acabar con tradiciones por parte del poder central.

El golpe de Estado de 1978, había tenido un profundo impacto en el seno de la comunidad pastún. Por primera vez desde 1747, los durrani habían dejado de controlar el poder, que había pasado a manos de los ghilzai, la confederación de tribus rival, con el apoyo de los pastunes del este. El control absoluto ejercido por los ghilzai sobre el Gobierno, conllevó que el régimen comunista, fuera incapaz de extender su radio de influencia, a regiones de mayoría durrani, y debilitó su posición en zonas de gran importancia, como la provincia de Kandahar.

Pues eso.

(Continuará. En la foto, tropas soviéticas entrando en Afganistán)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

Hacemos el periodismo que la sociedad necesita
¡Tú lo haces posible!

 

El periodismo verdaderamente independiente no responde a intereses corporativos ni políticos; responde únicamente a sus lectores. Para seguir investigando, destapando realidades incómodas y garantizando una información rigurosa, libre de censura y con firmes valores sociales, necesitamos tu apoyo.

Cada aportación económica es el escudo que protege nuestra libertad y la garantía de que las historias que importan sigan saliendo a la luz. Apoya hoy nuestro proyecto y defiende un periodismo libre.

 

*Si deseas hacer una donación a EL OBRERO a través de tarjeta de crédito (o cuenta bancaria asociada a Paypal), desde cualquier país del mundo, puedes hacerlo con el sistema de pago seguro PAYPAL, en el enlace "¡Apóyanos y dona!". Es muy sencillo operar con PAYPAL, y totalmente seguro. Paypal no comparte tus datos de cuenta o tarjeta con terceros, ni con EL OBRERO. En el último paso, Paypal te generará un recibo del pago efectuado. Muchas gracias por tu apoyo. Para cualquier duda, escríbenos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..