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Mani. Asignatura pendiente (I)


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Asignaturas pendientes tengo muchas. Y me temo que, a estas alturas, la mayoría se quedarán en esa condición de pendientes.

Desde el punto de vista de montañero, me hubiera gustado visitar el Himalaya, el Karakorum y los Alpes Neozelandeses, los Dolomitas y ascender alguno de los cuatromiles de los Alpes.

En el campo intelectual, me habría apetecido conocer Cambridge y el Trinity College, donde residieron tantos de mis referentes filosóficos: Bertrand Russell, E.G. Moore, A.J. Ayer, Wittgenstein…

Como viajero – no lo soy mucho y eso puede haber sido el problema – habría agradecido recorrer Grecia y Creta. La Acrópolis por supuesto. Pero también Esparta, aunque no fuera más que para comprobar si, como decía Paddy (Patrick Leigh Fermor) que decía Pausanias, aún se conservaba la cáscara del huevo de cisne que puso Leda, y del que surgió Helena de Troya. Aunque pensándolo mejor, antes de cruzar el Golfo de Corinto, para entrar en el Peloponeso, me acercaría a Missolonghi, el lugar donde murió Byron (de enfermedad, no en una batalla como se piensa a veces) luchando por la independencia de Grecia. Y ya que estaba allí, intentaría averiguar si los descendientes del señor Baiyorgas, conservan aún “las zapatillas de Byron”. Esta curiosa historia, entre tantas otras fabulosas, la cuenta Patrick Leigh Fermor (Paddy) en su libro “Roumeli”. La existencia de aquellas zapatillas, había llegado a oídos de Paddy en Crabbet Park, hogar de Judith, 16ª baronesa de Wentworth y biznieta de Byron. La casa de la baronesa estaba repleta de recuerdos del gran poeta: pinturas, ropa y baúles llenos de cartas y documentos. Cuando Paddy la conoció, la baronesa ya tenía casi ochenta años, pero a él le fascinó, y no sólo porque seguía utilizando palabras y giros ingleses, que habían estado de moda en tiempos de la Regencia. Ella fue la que le contó a Paddy, que en Missolonghi había un hombre que conservaba un par de zapatillas, que habían pertenecido a Lord Byron.

Sea como fuere, en un próximo viaje a Grecia, Paddy se acercó a Missolonghi con su mujer Joan Eyres Monsell. Allí, después de mucho indagar por toda la ciudad, dieron con el señor Charalambos Baiyorgas, de más de setenta años que, efectivamente, guardaba las famosas zapatillas, confeccionadas en cuero rojo muy delgado, y las puntas de los pies se curvaban al modo oriental. “Había algo en ellas – escribió Paddy – que inspiraba una inmediata certeza… las partesgastada de la suela eran diferentes en cada pie, las de la derecha mostraban un dibujo muy distinto” (recordemos que Byron tenía, de nacimiento, una malformación en el pie derecho). Al encontrarlas, Paddy tuvo la sensación de que “Lordos Vyron”, como le llamaron siempre los griegos, estaba muy cerca. Paddy hizo un dibujo de aquellas reliquias, y Joan tomó fotografías. Algo necesario porque el señor Baiyorgas, confesó que la idea de desprenderse de ellas, le resultaba insoportable.

Pues eso.
(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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