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Naturalismo y Barroco en Francia


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El Barroco francés es conocido por el triunfo del clasicismo coincidente con la consolidación del absolutismo del rey Luis XIV, aunque décadas antes ese ideal clasicista comenzó en la década de los años treinta con un conjunto de pintores que adoptaron el conocido como “aticismo”, y de fuerte inspiración italiana, además de ser impulsado por la creación en 1648 de la Academia de Pintura y Escultura. Pero en este trabajo nos centraremos en el naturalismo y sus distintas facetas, más propio del inicio del siglo XVII. Efectivamente, al comenzar la nueva centuria recién superadas las largas y sangrientas guerras de religión, pero todavía sin que el Estado francés se hubiera asentado definitivamente, tarea en la que se empeñaron Enrique IV y luego Richelieu con Luis XIII, la realidad heterogénea de Francia explica esa diversidad de naturalismos y de otras influencias artísticas.

Prueba de esa diversidad es la importancia que el ducado de Lorena, independiente, tendría en la Historia de la pintura francesa, justo en su momento de declive final frente a la potencia de los Borbones. Aquel Estado ha aportado tres grandes artistas desde finales del siglo XVI hasta bien entrado el XVII. En primer lugar, hay que citar a Jacques Callot, que nació en la década final del siglo XVI en Nancy, para morir en 1635 en la misma ciudad. Aprendió el arte del grabado y la técnica del aguafuerte en Italia, ya que residió en Roma y Florencia. En esta ciudad, al parecer, sirvió a Cosme II Médici. Callot fue grabador fundamental tanto por los avances técnicos que introdujo como por haber difundido a través del grabado temas de la Comedia del Arte Italiana y sobre los desastres de la guerra en su serie Las Miserias de la Guerra, obra inspirada en la Guerra de los Treinta Años. Su publicación en 1633 coincidió con la ocupación francesa, aunque los grabados son anteriores. Esta obra es muy interesante porque fue conocida por Goya, sirviéndole de inspiración. También influyó en otro de los grandes grabadores de la Historia del Arte, Rembrandt, especialmente en el tema de los mendigos, ya que Callot dejó muchas muestras, así como de payasos, soldados y gitanos.

Pero, además Lorena nos ha dejado dos artistas fundamentales del siglo XVII, Georges de la Tour (1593-1635), y el más longevo, Claudio de Lorena (1600-1692), un pintor que, aunque puede ser considerado un exponente del clasicismo francés demostró una maestría que le hizo salirse de los rígidos cánones del ideal clásico, pasando a la Historia del Arte como uno de los mayores impulsores del paisaje, un género pictórico que hasta entonces había sido de segunda categoría, dotándole de una impronta muy personal.

Georges de la Tour, natural de Lunéville, es el gran naturalista de comienzos del siglo. Estamos hablando de un pintor que hasta el comienzo del siglo XX no se le ha descubierto y valorado. En realidad, sus obras eran atribuidas a otros pintores, del norte de Europa, especialmente sus pinturas nocturnas, mientras que se pensaba que Zurbarán o Ribera eran los autores de las diurnas. Le debemos al historiador del arte alemán Herman Voss que, en plena Gran Guerra, demostrara que estábamos ante un pintor mayúsculo, y desde entones De la Tour ha alcanzado, a pesar de que no hay muchas obras fruto de su pincel, un lugar destacadísimo en el abultado elenco de pintores franceses. Curiosamente, en vida disfrutó de una posición económica y social envidiables, a pesar de su complicado carácter.

De la Tour recibió una clara influencia de Caravaggio, tanto por el uso de la luz, como por el tratamiento realista de sus personajes, incluidos aquellos que eran santos y religiosos. En todo caso, De la Tour evolucionó y adquirió un estilo muy personal, con su tendencia a geometrizar las figuras y por ser un genio peculiar en el tratamiento de la luz, especialmente con la que producen las velas en la noche, en escenas de la vida cotidiana o de las Sagradas Escrituras. Por otro lado, también son muy importantes los cuadros donde se representan a personajes de los grupos sociales más desfavorecidos, especialmente los ciegos que tocan zanfonías, o campesinos muy pobres, sin olvidar el tema de los timadores en partidas de cartas, todo ello fiel reflejo de una sociedad en crisis económica y social intensas, en su Lorena devastada por la peste.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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