Trump, el Al Capone del siglo XXI
- Escrito por Ana Noguera Montagud
- Publicado en Opinión
Si existe algún gánster que sigue fascinando cinematográficamente es, sin duda, Al Capone. En este siglo, EE. UU. tiene su propio gánster, pero, en esta ocasión, no está provocando ningún delirio emocional ni visual, sino más bien un hartazgo y una animadversión general.
Trump está consiguiendo, él y sus acólitos, que, a nivel mundial, se esté cogiendo manía a los estadounidenses de forma generalizada. Y es una pena, porque no hay que confundir al país con su ignominioso presidente, como no hay que confundir Israel con Netanyahu.
Resulta muy interesante leer el artículo de mi compañero de Sistema Juan Antonio Sacaluga, «TRUMP NO RETIRA LA TARJETA ROJA A EUROPA», que es un análisis realizado en la cumbre de la OTAN que se está celebrando.
Ha llegado él. El más macho. El que hace gala de ser maleducado e impresentable. El que presume de descortés e insensible. Aquel que reúne todos los vicios conocidos y los practica. Aquel que, lamentablemente, es el presidente de la primera potencia del mundo y, en vez de practicar la diplomacia y el buen hacer, se dedica a pisotear e insultar a todo socio.
Detestable el comportamiento contra Giorgia Meloni con ese mensaje en redes que dice: «Se necesita orden de alejamiento». Para luego ser condescendiente diciendo: «Bueno, me cae bien». Y eso lo hace con quien considera su amiga.
De nuevo agita el avispero de Groenlandia y anuncia que «Groenlandia debería estar controlada por EE. UU. y no por Dinamarca». La presidenta del país ya ha declarado con firmeza (como si de la serie Borgen se tratara) que Groenlandia no está en venta.
Trump critica a Alemania y Francia (esta vez no ha hecho bromitas de mal gusto con Macron o su mujer) porque no han apoyado su guerra contra Irán. Por supuesto, tampoco ha eludido las críticas a Reino Unido. Una guerra que nos mantiene a todos desconcertados porque, en un mismo día, se firma la tregua, se rompe la tregua, estos tipos barbudos e intolerantes son «buena gente» (dice Trump), como, al minuto siguiente, dice que son «escoria». Pero lo único que ha conseguido es que muera gente inocente, que el régimen dictatorial y salvaje de los iraníes se refuerce, que las condiciones del estrecho de Ormuz queden ahora en manos más férreas del Gobierno de Irán y que al resto del mundo (incluido EE. UU.) la vida se encarezca.
Y España se ha llevado las mayores críticas. Somos «mala gente» y quiere romper todos los acuerdos comerciales con nuestro país. Ante tanta furia, nuestro Gobierno se ha mostrado tranquilo y diplomático: es la mejor respuesta.
Porque lo que hemos aprendido con Trump es que su furia es incontrolable, su ansia de poder, ilimitada; su egocentrismo, apabullante; sus negocios, turbios y sucios; y que no conoce amigos. Y, si no, que se lo digan a la maltratada María Corina Machado, quien, humillada, le entregó el Premio Nobel, para que ahora Trump le impida entrar en Venezuela.
¿Para qué ha servido la cumbre de la OTAN? Seguramente, para ahondar más en las desavenencias y desconfianzas entre Trump y la Unión Europea. En segundo lugar, para que Europa se agrupe (por encima de las posiciones ideológicas de cada gobierno) defendiendo la capacidad europea de autodefensa. Y, en tercer lugar, para que la ciudadanía, cada vez más numerosa, deteste a Trump y su forma de hacer política.
La esperanza ciudadana surge donde menos lo esperas. Por ejemplo, con la movilización de los albaneses contra el proyecto urbanístico de Ivanka Trump. O en los venecianos contra el embajador de EE. UU. en Italia y su yate de 117 metros. Porque esas movilizaciones demostraron que el dinero no lo compra todo.
O, sencillamente, acabamos de despertar muchos desinteresados ante el Mundial de Fútbol al ver las manazas de Trump invadiendo las reglas del juego y las decisiones de una maltrecha FIFA, y hemos disfrutado inmensamente de la goleada de Bélgica contra EE. UU.
Pues voy a apretar fuerte los nudillos y desear con todas mis fuerzas que España gane ese Mundial para practicar un sano recochineo. Si Trump encarna los siete pecados capitales, permitámonos disfrutar de alguna licencia; por ejemplo, desear que a Trump se le hinchen las venas por la rabia.
Bromas aparte, la Unión Europea debe ya despertar y darse cuenta de que Trump no es un socio ni un amigo. Es alguien dispuesto a romper la convivencia, las relaciones internacionales, el orden y el comercio globales, las instituciones mundiales y, sobre todo, a la Unión Europea, que ya no le interesa como parte del orden mundial.
Lo que sea en un futuro Estados Unidos y hacia dónde se encamine su democracia dependerá también de la firmeza con la que Europa responda a estos ataques antidemocráticos.
Ana Noguera Montagud
Doctora en Filosofía por la Universidad de Valencia.
Tutora de Sociología en la UNED (Valencia)
Miembro del consejo de redacción de la revista Temas para el Debate, y crítica de libros de la revista Sistema.
Articulista en la revista digital Sistema Digital.
Miembro de las asociaciones literarias Concilyarte y Clave.
Ha codirigido cursos de la UIMP (Valencia)
Miembro de varias ONG Greenpeace, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja, Amnistía Internacional y Fundación Hugo Zárate.
Coordinadora de actos culturales: mesas redondas, presentaciones de libros, encuentros literarios y exposiciones.
Varias publicaciones: artículos de prensa, críticas de libros, artículos de reflexión filosófica, antologías poéticas, novela y ensayo.
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