Parece mentira
- Escrito por Rafael Fraguas
- Publicado en Opinión
Las grietas abiertas entre Israel y Estados Unidos se ahondan. Son cada vez más numerosas las voces que se alzan en Washington, en el Pentágono y en Langley, sede de la CIA, contra la peligrosísima sumisión que Benjamín Nethanyahu impone a un desorientado Donald Trump, hipotecado de pies y manos a las decisiones del Primer Ministro de Israel. Los sectores más realistas de Washington alertan alarmados a los consejeros (¿) de Donald Trump para que no se deje engatusar, más todavía, por el dirigente judío metiéndole militarmente de hoz y coz en el avispero militar iraní. Proponen, por el contrario, que Estados Unidos se concentre en el área del Indo-Pacífico, donde el coloso a enfrentar, China, exige concentrar allí todos los esfuerzos estadounidenses en pertrecharse para la gran pugna, que barruntan a medio plazo. El axioma realista es que, para Estados Unidos, Oriente Medio es un escenario geopolítico ya secundario, porque el escenario geoestratégico prioritario es China.
Sin embargo, a Benjamín Nethanyahu parecen importarle un bledo los intereses geoestratégicos estadounidenses y solo le interesa imponer esta guerra a toda costa, como un ciclista histérico que temiera dejar de pedalear por pavor a caerse inexorablemente. Por eso, el apodado genocida Bibi Nethanyahu ha decidido insensatamente unir ambos escenarios, el geopolítco mesoriental hoy bélico y el escenario geoestratégico, extremo-oriental, aún en relativa calma, para fijar a Estados Unidos al terreno que Israel le impone, el Medio Oriente. ¿Cómo? Pues, sencillamente, conectando sendos escenarios mediante una acción militar comprometedora para Washington. ¿De qué modo? Muy simple: planteándose bombardear el oleoducto irano-chino a través del cual China recibía el crucial crudo iraní por una vía terrestre que sorteaba, desde su construcción en mayo de 2025, el angosto Estrecho de Ormuz, hoy cuello de botella de los flujos petroleros mundiales y que Irán, pese a las mentirosas alharacas de Trump, se niega a abrir a los buques vinculados a Israel.
Por cierto, la tregua con Irán que Trump parece haberse sacado de la manga obedecería más bien al deseo de dar un respiro a la industria armementística norteamericana, exhausta de munición por el derroche de disparar unos 30 millonarios cohetes interceptores made in USA por cada certero dron iraní de apenas 500 euros cada uno.
Irán, cuyo régimen hizo todo lo posible para granjearse el odio de la mitad de su población, hoy obligada a luchar por sobrevivir bajo el fuego combinado israelo-estadounidense, parece seguir funcionando con la cabeza oculta: Mojtaba Jamenei, Guía de la República Islámica, protagoniza una ocultación, con ecos escatológicos, que recuerdan a la que escondió en la Edad media al IX imán de los chiíes, Mahdi, que reaparecerá al final de los Tiempos…
Altanería racista
¿Han llegado a tal extremo la altanería de Nethanyahu y la de los círculos racistas ultrasionistas que le apoyan, para hacer lo que parece o se teme que haya hecho contra el oleoducto irano-chino? ¿Ha sido capaz de poner en juego la alianza entre Tel Aviv-Washington, de la que depende, incluso, la viabilidad estatal de Israel? No parece haber muchas dudas, según analistas solventes. Dudas hay, sin embargo, sobre la posibilidad de que el dirigente genocida, pensando en su propia perpetuación política, desoyera los informes de Inteligencia que le alertaban de lo que Hamás preparaba aquel infausto 7 de octubre de 2023 y lo convirtiera en el pretexto buscado para intentar aniquilar al pueblo palestino, empezando por los casi 30.000 niños hasta ahora sacrificados ininterrumpidamente bajo el napalm, los drones, el fuego de ametralladora y las bombas de 500 kilos.
Cabe preguntarse qué es lo que mueve a este tipo a desafiar de tal manera el destino de su propio país. En el ámbito subjetivo, ¿qué puede llevar a un ser humano a incurrir en tanta maldad, en tanta insensatez, en tanto desprecio a los demás vivientes, señaladamente a sus propios padrinos estadounidenses, con tanta inmundicia amoral como la que habita en seres oscuros como el ministro de Seguridad, Itamar Gvir, junto con el también ministro Israel Katz, acusados ambos por Turquía de genocidio en Gaza, brindando el primero con champán, en el Parlamento de Israel, por la aprobación de una ley segregacionista, propia del apartheid, para permitir ahorcar a los palestinos que se defiendan de ser asesinados... o el infame Belazel Smotrich, supremacista ultrarracista, amén de las decenas de parlamentarios del Likud y de los numerosos partidos judíos con representación parlamentaria que brindaron con él?
38 criminales
El Gobierno de Israel está compuesto por 37 ministros procedentes del partido mayoritario Likud y cinco formaciones, dos de ellas judías ultraortodoxas, Shas y Judaísmo Unido de la Torah; más tres partidos de ultraderecha, a saber, Sionismo religioso, Noam y Otzama Yehudit, todas ellas supremacistas, subjetiva y objetivamente racistas. Comparten conjuntamente la responsabilidad que les concierne por los crímenes decididos por su primer ministro Nethanyahu, al que jalean más aún para que prosiga desplegando la aviación y los carros de combate hoy sobre el pueblo libanés y continúe dando muerte a todo palestino que mantenga un ápice de dignidad ante el despotismo salvaje que la denominadas Fuerzas de Defensa de Israel perpetran desde aquel infausto 7 de octubre.
En el plano objetivo y político, comprometer a Estados Unidos en una confrontación directa y hoy indeseada con China, es de una arrogancia y de un desprecio a su aliado, sin precedentes: y ello habida cuenta de que resulta altamente probable que el pupilo de Washington haya atacado y quizá destruido, según distintas fuentes, el oleoducto irano-chino, arteria principal por donde se bombea al corazón de Pekín la sangre del oro negro, vital para que la industria y el país entero de China respiren.
Indicios
Lo sucedido es/sería/o podría ser tan grave que, en estas condiciones de guerra, hay que dudarlo, pero hay indicios que permitirían considerarlo un hecho consumado. Gravísimo sería que Israel hubiera dañado el oleoducto iraní hacia China por cuenta propia, sin informar al pelele Donald Trump. Pero no menos grave lo sería que el matón del barrio neoyorquino de Queens, hijo de papá, evasor del servicio militar y de impuestos, amigo del pederasta judío-americano Epstein, se hubiera dado por enterado y, en su manifiesta impotencia, se hubiera visto arrastrado y plegado a anteponer los intereses de Benjamín Nethanyahu sobre los intereses estratégicos de los Estados Unidos de América del Norte, contra el ritmo de sus propios designios como superpotencia.
No se sabe aún de donde vendrá la reacción política-o militar- interna estadounidense ante tanta irresponsabilidad propia y tanta arrogancia del cada vez más impertinente aliado israelí. Aunque las leyes que presiden el comportamiento de los Estados, cuando estos existen, confieren siempre un cierto margen de autonomía a sus gobernantes, los consienten tan solo hasta un límite que nadie debe, ni puede, traspasar: porque la muerte rubrica, siempre también, esa transgresión. Por menos supuestas transgresiones de este tipo contra los intereses estadounidenses, al remoto antecesor de Trump, John Fitzgerald Kennedy, tirador/tiradores desconocidos le volaron la cabeza un 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas.
Pesadilla
Los Estados son artefactos muy serios a la hora de proteger sus propias razones, las razones de Estado. Confiemos en que la voladura del oleoducto irano-chino sea una mentira propia de una guerra descontrolada como ésta y que hayamos asistido a una elucubrante pesadilla, cebada por la incandescencia del fuego que vomitan drones, cazas, misiles y toda clase de dispositivos de desolación y de muerte sobre hoy un nuevamente martirizado Líbano y contra un resiliente Irán. Allí, incluso los opositores al régimen, no son tan masoquistas como para aceptar que su país sea destruido por Israel y presumiblemente se incorporarán a filas, junto con los 14 millones de compatriotas suyos hasta ahora movilizados.
Rafael Fraguas
Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.
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