¿Mi-Ley o Milei?
- Escrito por Roberto R. Aramayo
- Publicado en Opinión
Me han hecho caer en cómo cabría leer el apellido del actual presidente argentino. Lo más apropiado sería hacer una pausa y convertir la i latina en griega, con lo cual obtenemos Mi-Ley. Esto es algo cabalmente apropiado para un anarco-capitalista que se propone desmantelar las estructuras estatales. Es lo que tiene considerar a un Estado como una empresa privada. Si lo único que cuenta son los datos macroeconómicos y sanear las finanzas públicas privatizándolo absolutamente todo, lo más atinado es propiciar un éxodo masivo para vaciar el país de los molestos ciudadanos que no tengan muchos recursos económicos. Así no habría protestas y quedaría mucho suelo para la promoción inmobiliaria de inversionistas extranjeros, que así también podrían seguir explotando con mayor tranquilidad los recursos naturales del país.
Para Milei no parecen contar otras leyes que las dictadas por su capricho. A su juicio, su palabra es la ley y lo demás zarandajas. El clientelismo y las corrupciones de los gobiernos peronistas han propiciado este liderazgo esperpéntico que no parece preocuparse gran cosa por la ciudadanía. Solo le interesa propiciar la libertad en abstracto, sin importarle quien pueda irse al carajo. Así reza su lema: ¡Más libertad, carajo! En esta expresión se condensa el alfa y el omega de su argumentario institucional. Las desigualdades y la precariedad vital no son cosa suya. Lo que cuenta es maldecir al socialismo, señalando que ha matado a ciento cincuenta millones de personas, aunque no se diga desde cuándo y en qué lugares.
Con todo, no conviene prestar gran atención a las palabra necias y dar pábulo a un conflicto diplomático descabezando la legación diplomática, con todo lo que puede significar para quienes precisen de sus prestaciones. Llamar a consultas al embajador de turno es una medida extrema que no debe utilizarse para responder a unas declaraciones desafortunadas, convirtiendo en un alud lo que solo era una bola de nieve. Otra cosa es que ciertas afirmaciones delirantes puedan cuestionar la cordura de quienes profieren con tanto desparpajo auténticas barbaridades, como aquellas con las que suele obsequiarnos la presidenta madrileña. El populismo de corte trumpista cosecha éxitos electorales y cultivarlo es una opción personal. Hay que valer para inclinarse por ella.
Roberto R. Aramayo
Profesor de Investigación en el IFS- CSIC (GI TcP) e Historiador de las ideas Morales y Políticas. INconRES (PID2020-117219GB-I00) / RESPONTRUST (SGL2104001) / ON-TRUST CM (2019HUM5699) y PRECARITYLAB (PID2019-105803GB-I0)
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