Los tanques europeos deben hacerse con más mantequilla de mejor calidad y bien repartida
- Escrito por Roberto R. Aramayo
- Publicado en Opinión
Europa tiene una larga historia plagada de cruentas guerras, conflictos vecinales y confrontaciones ideológicas. Esa experiencia le hace valorar lo que vale una convivencia pacífica. También sabe cuál es el inevitable destino de los grandes imperios y las desventuras coloniales. En el Siglo XX detonó dos Guerras Mundiales y padeció la tensión de una Guerra Fría. Todo eso le hizo acariciar el sueño de construir una Unión Europea donde se difuminaban las fronteras para que circulasen libremente bienes y personas. El sueño kantiano de una federación que respetase las diferencias y fusionase los intereses.
Por supuesto, dista de ser una panacea que haya solventado todos los problemas como por ensalmo. Lo suyo hubiera sido homogeneizar las leyes en beneficio de la ciudadanía, seleccionando aquellas que fueran mejores en términos comparativos, pero se primó la moneda única por encima de lo que pudiera beneficiar o perjudicar a sus diferentes usuarios, generando unas turbulencias económicas que resultaron muy lesivas para ciertos países. Las desigualdades han sido la semilla de algunos extremismos que recuerdan a otras épocas y desdeñan el proyecto europeo.
Aunque sea de manera imperfecta y sumamente mejorable, la Unión Europea defiende los valores del movimiento ilustrado y aprecia la riqueza de su inmenso patrimonio cultural. Tiene muchas tareas pendientes, porque debería haber una sanidad universal europea, un sólido sistema educativo público europeo y políticas asistenciales de igual rango. Ahora se ha percatado de que también requiere una defensa común, que optimice lo recursos y coordine los esfuerzos nacionales, para no dejarse avasallar por aliados que pueden ser volubles y en cuya palabra no se puede confiar.
Las crisis pueden ser nichos de oportunidades. Ojalá que la urgencia por conseguir una seguridad común y menos dependiente del exterior, sirva como recordatorio de que la política social también requiere una cooperación similar, para que la prosperidad no vaya por barrios y las oportunidades puedan tener similares niveles de igualdad. La pandemia demostró que salíamos mejor parados actuando al unísono como europeos y ahora parece tenerse claro que deben afrontarse las amenazas bélicas mancomunadamente.
No hay que olvidarse de la mantequilla cuando se fabrican tanques. De hecho, racionalizar los arsenales debería permitir mayores inversiones en cultura, educación y sanidad. De poco serviría proteger un territorio donde todo eso brillara por su ausencia y cada cual mirase únicamente por su propio beneficio esquilmando a los demás e incrementara su patrimonio en medio de la miseria. Sin las despensas bien provistas de mantequilla y bienes culturales, no merece la pena proteger nada.
Hay que aplaudir la iniciativa europea de coordinar su seguridad, pero recordando que no puede ser a costa de lo primordial y que la política social deber ser algo absolutamente prioritario para preservar el proyecto europeo. De nada serviría tener tanques, de no haber mantequilla que preservar y repartir. La democracia norteamericana ha quedado confiscada por unos multimillonarios que quieren desmontar las instituciones para hacer negocios privados. Este modelo es lo que amenaza nuestro modo de vivir y a su vez Europa es vista por esos plutócratas como un peligro para su despiadada e integrista cosmovisión. Conviene tener muy presentes las funestas consecuencias de la desigualdad y la precariedad.
Roberto R. Aramayo
Profesor de Investigación en el IFS- CSIC (GI TcP) e Historiador de las ideas Morales y Políticas. INconRES (PID2020-117219GB-I00) / RESPONTRUST (SGL2104001) / ON-TRUST CM (2019HUM5699) y PRECARITYLAB (PID2019-105803GB-I0)
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