Unas interesantes memorias de un policía con memoria
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Cultura
Cuando cayeron en mis manos estos sugestivos y estimulantes recuerdos, tuve la sensación de que se ha hablado menos de lo debido de la policía durante el franquismo, la transición y lo que se ha dado en llamar la consolidación democrática. Y, sobre todo, a penas se ha hecho ‘desde dentro’.
Hay muchas zonas oscuras, no poco de opacidad y nadie –o casi nadie- ha querido, hasta ahora, hablar de ello.
Recuerdo unas palabras de Diógenes Laercio en las que afirma que a menudo las leyes son como telarañas. Enredan lo leve, mas lo pesado, las rompe y escapa.
El autor, Félix Alonso, a lo largo de las más de doscientas páginas de este libro que titula “Balas de fogueo”, ha ido desgranando y sintetizando sus experiencias desde 1970 hasta 2013.
Su peripecia vital se inserta en el marco de las transformaciones que ha sufrido nuestro país en esos años. Se ponen de manifiesto los intentos democratizadores de la policía, desde dentro, así como la fuerza de la inercia y de intereses espurios que han ido tejiendo una red, a fin de que las estructuras del franquismo y quienes a su sombra se había adueñado de resortes claves hayan pervivido hasta la fecha.
Las memorias de Félix Alonso han pasado por las sabias manos de Juan Torres, quien ha sabido imprimirlas de amenidad, incidiendo en los momentos justos en aquellos aspectos más controvertidos y de mayor alcance. En estas Memorias hay sentido del humor, verdades del barquero, denuncias y un deseo de sacar a la luz lo que ha habido interés en mantener en la penumbra.
El modelo tiene, no poco que ver con el que ensayó Chaves Nogales con Juan Belmonte. Se van mostrando episodios, situaciones comprometidas, abusos de poder, injusticias, mas todo ello está encaminado a mostrar la trayectoria profesional y ética de este Comisario Principal del Cuerpo Nacional de Policía.
Cincuenta años de la vida de un país como España, dan mucho de sí. Por eso hay que ‘degustar’ lo que narra, valorar las anécdotas y admirar la intención, no sólo de lo que dice sino de lo que sugiere.
Puede apreciarse la España en blanco y negro de la dictadura franquista que mostraba su anquilosamiento y translucía aspectos folclóricos y, en ocasiones, esperpénticos.
A Félix Alonso, que ha creado en San Lorenzo de El Escorial, su pueblo, el Colectivo Rousseau, para someter a debate y dinamizar la vida cultural y que es un cinéfilo destacado, no le pasa desapercibido como Billy Wilder muestra en algunas de sus películas la ‘ruina física y degradación moral’ que marcaron varias décadas de la historia de nuestro país.
La memoria es una herramienta que sirve para fijar emociones, ordenando los acontecimientos, no siempre cronológicamente. Etas memorias no están escritas para ‘saldar cuentas’ sino para dar testimonio a través de la ‘intrahistoria de la policía’ de lo que iba ocurriendo en nuestro país y de qué forma iba afectando a la vida colectiva.
La memoria, también es útil para ‘atrapar el tiempo fugaz y recordar personajes de muy distinta entidad por los que de una forma u otra Félix Alonso se ha ido relacionando. Ya el filosofo presocrático Heráclito, afirmaba que ‘nada es, todo deviene.
Algunas de estas personas han caído en el olvido. Otras se mantienen vivas en la memoria por sus miserias o por sus acciones valientes. Citemos, sin ir más lejos a González Pacheco, alias Billy el Niño, policía torturador franquista, que camaleónicamente se fue adaptando a los tiempos o las tropelías de Villarejo que tanta información acumuló y que ofrece un perfil, inequívocamente siniestro.
Alude a episodios de transfuguismo, como el protagonizado por Tamayo y Sáez, que impidieron un gobierno progresista en la Comunidad de Madrid. Otras personas son menos conocidas, pero en su momento tuvieron un papel relevante. Rodríguez Colorado, la diputada Enedina Álvarez o la abogada del despacho de Atocha, que más tarde fue alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.
En esta galería de personajes, aparecen sus amigos, sus compañeros y otros que se han borrado de la memoria como Ciriaco de Vicente, Perfecto Andrés Ibáñez… Mención aparte, merecen todos los que se jugaron mucho y llevaron a cabo intentos –las más de las veces infructuosos- por democratizar la policía, desde dentro.
Se pone de relieve como el corporativismo es la más de las veces, un mecanismo tóxico de defensa para conservar privilegios así como cerrar el paso a otros.
Se abren paso algunas características de Félix Alonso como su individualismo, vitalismo y rebeldía. Ser ‘un verso suelto’ casi siempre, cuesta caro: traslados forzosos, sanciones, sinsabores, disgustos. Son muchas las formas en que se ponen de manifiesto hasta donde llegan los tentáculos de la corrupción.
Las peripecias y los atropellos hacen reflexionar a quien lee estas páginas, que en nuestro país los espejos de ‘el callejón del gato’ de Ramón María del Valle Inclán, con sus deformaciones, continúan siendo un instrumento válido para analizar lo que todavía sucede en muchos rincones.
Los trescientos cincuenta personajes que van apareciendo y desapareciendo, configuran un microcosmos, un retazo de intrahistoria. Podría decirse que esa pequeña historia de la cotidianidad contiene muchas promesas incumplidas, sueños rotos, traiciones que duelen, deslealtades… y esa sensación de hastío y de cansancio que da la convivencia forzosa, con actitudes acomodaticias, por parte de trepadores sin escrúpulos.
Félix es un hombre íntegro y cabal. Por eso mismo, le asquean los personajes camaleónicos y los que sacan provecho de confundirse ‘con el color del terreno’.
‘El ayer’ pesa mucho y condiciona, más de lo que parece, el hoy, el ahora mismo. El lector sagaz conectará, sin excesiva dificultad, el hilo invisible que vincula lo que se dice, lo que se sugiere y lo que se calla, que bien puede ser ‘el caso Ruano’, un estudiante que oficialmente se suicidó pero que fue defenestrado por la policía política de la dictadura o el sentido y la función que tuvo la sistemática destrucción o desaparición de archivos.
Las vivencias de estas memorias no son esquemáticas, ni maniqueas. Suenan a ‘cálida verdad’. Es acertado que se conozca el compromiso de algunos… y la dejación de responsabilidades, de otros.
Incluso en un comentario como este es aconsejable no hacer spoilers. El lector avisado sabrá extraer, las consecuencias adecuadas, del expediente 65/97 que debido a la constancia y a la resiliencia llegó hasta los tribunales. Es inevitable preguntarse ¿cuántas injusticias como esta se han cometido?
Por los motivos que he ido exponiendo, merece la pena adentrarse en los vericuetos de este libro, que cuenta lo que otros no se han atrevido a contar. Y que con buen ánimo y sin rencor, aunque con una cierta amargura, da testimonio de las oportunidades frustradas, tanto individuales como colectivas.
Las balas de fogueo, en ocasiones como esta, dan en el blanco y se convierten por derecho propio en un acta de acusación. Resulta curioso como frente a cualquier intento de innovación, el inmovilismo despliega toda su inercia a fin de que las cosas no cambien.
¿Quién se acuerda ya del ministro Corcuera y de su ‘patada en la puerta’? ¿Quién recuerda al filósofo Manuel Sacristán? Por detalles como estos es aconsejable leer y encontrarse con el pasado que no ha muerto, sino que está ahí operativo aunque durmiente.
Como el propio Félix Alonso deja caer, lo expedientaron en más de una ocasión por decir cosas que, algunos consideraban inconvenientes y que, desde luego, no querían oír.
Quien quiera comprobar las razones por la que es sutil la memoria y pasar revista a esos cincuenta años de la vida cotidiana española, puede disfrutar este conjunto de reflexiones, anécdotas, testimonios, desahogos y verdades del barquero, leyendo “Balas de Fogueo. Memorias de un policía con memoria” Edit. Distrito 93. 2023 de Félix Alonso – Juan Torres.
Si deciden sumergirse en este relato adictivo no lo lamentaran. Algunas páginas provocarán una sonrisa, otras, amargura, incluso frustración. Soy de los que piensan que tener acceso a un pasado reciente, con sus sombras y con algún que otro destello de luz, es un reto que merece la pena afrontar.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
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