- El tercer informe bienal de la IMANcorp FOUNDATION y el GRET-UAB sitúa la mayor brecha digital en el nivel educativo y constata que el uso cotidiano de la tecnología supera al laboral.
Cada punto adicional en el Índice de Competencias Digitales se asocia con un 5,9 % más de posibilidades de estar ocupado, una vez considerados factores como la edad y la formación. Así lo recoge el 3.er Informe Bienal: Indicadores de Competencias Digitales y Empleabilidad, presentado el 21 de octubre en el Col·legi de Periodistes de Catalunya de Barcelona. El estudio advierte de que esta relación estadística no demuestra que las competencias digitales causen por sí solas el acceso al empleo: el trabajo también permite adquirirlas.
El informe fue presentado por Rafael Merino, director científico del estudio y coordinador del Grup de Recerca Educació i Treball (GRET) de la Universitat Autònoma de Barcelona, y Hannah Valério, investigadora social de IMANcorp FOUNDATION, responsable de su coordinación y desarrollo. Ambas entidades impulsan el Observatorio de Competencias Digitales y Empleo, que elabora el estudio.
Basada en datos de 2025, esta tercera edición analiza las habilidades de información, comunicación y resolución de problemas, así como las capacidades solicitadas por las empresas. Utiliza la encuesta TIC-Hogares del INE, la herramienta Skills-OVATE de Cedefop y el estudio PIAAC 2023 de la OCDE.
La mayor brecha corresponde al nivel educativo
Los resultados muestran diferencias en la situación laboral: el 65,7 % de las personas con competencias digitales altas está ocupado, frente al 14,7 % de quienes carecen de ellas. La mayor brecha corresponde al nivel educativo. El 79,7 % de las personas con estudios superiores tiene competencias altas, frente al 36 % de quienes tienen un nivel educativo bajo. Para el profesor Dr. Rafael Merino, El informe refleja “una vez más que la brecha más preocupante está en la población joven que deja los estudios al finalizar la etapa obligatoria. Serían necesarias actuaciones específicas de adquisición de competencias digitales para este colectivo, y así tener más oportunidades de inserción laboral”.
La edad tampoco mantiene una relación lineal con la preparación digital. El 74,2 % de las personas de 16 a 25 años tiene competencias altas, por debajo del 80,8 % del grupo de 26 a 35 años y del 80,4 % del de 36 a 45. El estudio identifica la necesidad de reforzar la búsqueda de información fiable y su verificación, especialmente entre los jóvenes, y de atender a quienes abandonan los estudios tras la etapa obligatoria.
En el mercado laboral, el acceso y análisis de datos encabeza la demanda de habilidades informáticas. Las empresas solicitan competencias digitales también en agricultura, industria y construcción, más allá de los perfiles tecnológicos. Sin embargo, su uso laboral sigue por debajo del cotidiano: en España, el uso del ordenador en el trabajo alcanza el 70,4 %, frente al 80,1 % de media de la OCDE. En la vida diaria, el uso de dispositivos digitales llega al 96,8 %, por encima del 95,3 % del promedio de la organización.
Para Hannah Valério “ser joven no garantiza ser competente digitalmente, y el déficit está sobre todo en las habilidades de información. En un contexto de saturación de contenido, es esencial reforzar la importancia para los más jóvenes tanto de la búsqueda en fuentes fiables como la verificación de lo que recibimos de forma pasiva por redes”.
La mesa redonda reclama formación y un uso de la tecnología vinculado al trabajo
En la mesa redonda posterior, moderada por el periodista Xavier Vilà, participaron José María Feliu, director de Personas de IESE Business School; Patricia Villanova, Talent Manager de RRHH de SIMON; Daniel González, director ejecutivo de Wikimedia España; Belén Badia, Chief People & Culture Officer de PortAventura World; Enric Almuzara, director de Personas de ENINTER; y Alejandro Magallón, director general de IMAN Group.
Entre las conclusiones de la mesa hubo unanimidad en la preocupación por que los más jóvenes mostraran una preparación digital menor frente a otros sectores poblacionales de mayor edad. Esta percepción llevó a insistir en la necesidad de reforzar el pensamiento crítico y la formación de quienes se incorporan al mercado laboral y la forma en qué acceden a la información.
También se cuestionó la asociación entre mayor edad y menor capacidad digital, y se apuntó que los profesionales sénior están haciendo, por el momento, un mejor uso de la inteligencia artificial, una valoración expresada durante el debate. Entre las ideas en común, la mesa destacó que la competencia digital depende del uso que se hace de la tecnología y de su aplicación a las necesidades de cada puesto. Los ponentes estuvieron de acuerdo en que la familiaridad con las redes sociales no garantiza un uso competente de las herramientas digitales en el ámbito laboral.
La IA, el elefante en la habitación de las empresas
Aunque el informe aborda la IA de manera tangencial, esta ocupó buena parte de la conversación. Los participantes coincidieron en que su incorporación debe responder a objetivos concretos y a las necesidades de cada organización, sin adoptarla por presión social. Se plantearon aplicaciones para mejorar el servicio al cliente y atender a la multiculturalidad junto con los problemas que puede generar un uso inadecuado de la IA que puede generar cuellos de botella.
La formación continua y la colaboración público-privada se propusieron como vías para mejorar las competencias digitales. El encuentro terminó con la previsión de que la cuarta edición del informe, dentro de dos años, incorpore datos que permitan analizar con mayor detalle el uso de la IA y su relación con el empleo.





