“Secretum Secretorum”: Quizás se trate de la obra más leída de la Edad Media... hoy, nadie la recuerda (I)
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Cultura
Frente a los fuegos fatuos del espejo
mi ser expira y es ceniza.
Octavio Paz
En mi colaboración periódica para El Obrero, me propongo hacer un ejercicio que tiene no poco de retórica y hasta algo de equilibrismo. Sorprende, a poco que se ahonde, la cantidad de falsedades, tergiversaciones y mentiras que forman parte de la transmisión de los hechos históricos.
Quienes ejercieron y ejercen el poder adoptan todas las decisiones que están en su mano para legitimar y fundamentar un pasado del que procede la situación de privilegio que detentan.
A lo largo de la historia, pongamos que desde la desmembración del Imperio Romano de Oriente, Europa –podríamos decir la idea de Europa- ha sido y es una realidad compleja, diversa y que por consiguiente, es obligado abordarla y analizarla desde diversas ópticas, para las que no hacen falta lentes de aumento.
El pasado, a veces, se falsea o hasta se inventa para legitimar un determinado estado de cosas. Así, han ido apareciendo y consolidándose nacionalismos, fundamentalismos, intentos de legitimación basados en la etnia, religión e incluso en un “supremacismo cultural”, naturalmente con los pies de barro, que suelen tener los cimientos endebles y quebradizos.
Esta actitud más que cuestionable, busca fundamentar identidades inventadas y justificar hechos históricos crueles, sanguinarios y, por encima de todo, estúpidos. Tal vez por eso, las llamadas guerras culturales, bien mirado, son un síntoma de algo más profundo y un intento baldío de legitimar un “statu quo” tras otro.
La discriminación y la falsificación de hechos históricos, muchas veces acaba convirtiéndose en un cesto de “manzanas podridas”, cuyo hedor llega hasta nuestro agitado e inseguro presente. Desde luego, los centros de poder han tenido y tienen una capacidad casi ilimitada para, contra toda evidencia, seguir aferrados a falsedades defendidas a sangre y fuego. A veces con fortuna han logrado transcender y traspasar un trecho importante de la esfera del tiempo.
Tras este exordio, pasemos a hacer unas consideraciones –discutibles pero, tal vez oportunas- sobre “Secretum secretorum” que en distintas variantes de su traducción al castellano se denomino “Poridat de poridades”.
En el Medievo, el género didáctico tuvo un recorrido cuando menos, notable. Los cronistas estaban imbuidos de un deseo de plasmar pedagógicamente, sus ideas y convicciones. A su modo hacían propaganda y los más avispados, lo sabían.
No existía como es sabido, el concepto de autoría, que es mucho más moderno. “Secretum secretorum” ha pasado por ser un tratado pseudo-aristotélico, mas es mucho más que eso. Adquiere la forma de una extensa epístola o carta de Aristóteles a su discípulo el general, político y estadista Alejando Magno.
El filósofo peripatético da consejos, orienta recurriendo a máximas, algunas de ellas con un claro sentido apodíctico. Poco importa que Aristóteles nunca dijese lo que se afirma en el texto. En su conjunto podría afirmarse que es un compendio enciclopédico que abarca, desde consejos al príncipe (un género que no se generalizó hasta el Renacimiento, pensemos sin ir más lejos en Maquiavelo) abundan las reflexiones éticas y las de astrología… siendo especialmente apreciables las recomendaciones y visiones sobre medicina. Tuvo un éxito enorme. Se considera, en su conjunto de variedades, la obra más leída en el Medievo aunque, analizada con rigor, hay una serie de consideraciones que es obligado analizar críticamente.
Es sobradamente conocido que Aristóteles, especialmente tras la caída de Constantinopla, fue recuperado y tuvo una influencia indudable entre los árabes. Ahí están para atestiguarlo Averroes y Avicena sin ir más lejos.
Se trasladó más tarde al pensamiento occidental cristiano, aunque con una evidente prudencia. Traducir del árabe podía ocasionar incuestionables problemas, que iban más allá de la interpretación.
Por un lado, estaba el “tirón” que ejercía el pensamiento aristotélico, mas por otro, las reservas y miedos a “contaminarse” con las denominadas herejías o errores incompatibles con la teología católica.
Estas circunstancias hay que tenerlas en cuenta más allá de las coordenadas del momento histórico en que aparecieron. El acaecer de los hechos es más complejo. Todo anverso tiene su reverso. El pasado –o algunas manifestaciones de él- perviven en el presente.
Miramos atrás y vemos con distancia, un tiempo envejecido y añejo que parece que carece de toda validez. Sin embargo, hay agujeros sin fondo, que amenazaron y todavía amenazan, con engullir palabras y conceptos que, sin embargo, paradójicamente reaparecen. Un reloj de arena agónico, aún no se ha desprendido de los últimos granos, antes de desaparecer definitivamente. Observando el devenir histórico, puede constatarse que hay que mirar más allá del filo hiriente de la espada. Una cosa son las apariencias, otra la verosimilitud y otra la fiel descripción de la realidad.
“Secretum secretorum” es una fuente, casi inagotable, de enigmas y problemas sin resolver a los que es preciso asomarse con cautela y no pocas reservas. Empecemos por señalar que los manuscritos más antiguos, es probable que sean una traducción siriaca, que algunos arabistas, historiadores y filólogos medievalistas consideran que procede griego clásico. Por encima de esta maraña de comentarios y teorías, algunos sostienen que es un tratado, originalmente escrito en árabe.
Siguiendo el recorrido que nos parece más idóneo, del árabe pasó al latín y más tarde a las lenguas vernáculas. De esta forma comienza su penetración, irradiación e influencia. Para complicar más este laberinto, antes de ser vertido a las lenguas vernáculas, existen, al menos, dos “versiones latinas”, una de ellas bastante más extensa que la otra.
Para disponer de una traducción al castellano, hay que aguardar hasta la famosa Escuela de Traductores de Toledo, de Alfonso X El Sabio. En cuanto a la versión más extensa, fue traducida por Felipe de Trípoli.
Su intención es integradora y tiene una inequívoca vocación didáctica. Algunos han expresado la opinión de que forma parte, por derecho propio, de lo que se llamó en su día “literatura sapiencial”.
Prestemos un momento de atención para darnos cuenta de lo mucho que ignoramos de la Edad Media. Se ha despachado con frivolidad, bajo la denominación de siglos oscuros, cuando hay abundantes aspectos que merecen una atención atenta y diversificada.
Esta epístola, que supuestamente, escribiera Aristóteles a su discípulo Alejandro, tiene la inequívoca intención de contribuir a su formación y educación tanto como ser humano, como en su calidad de gobernante. Se trata, por tanto, de una de las primeras obras –o tal vez la primera- de ese género que pasó a denominarse “espejo de príncipes” y que es una síntesis del conocimiento de su tiempo pero, sobre todo, unos sabios consejos acerca de cómo debe comportarse con equidad y templanza un gobernante.
En castellano, se denominó “Poridat de poridades”. Consta de un prólogo y ocho capítulos, pequeños tratados o partes. Dedica una atención especial a cómo ha de ser un buen gobernante aunque incluye asimismo, información sobre tácticas bélicas, que debe tener en cuenta el “estratego”. Como curiosidad incluye –ya hemos mencionado que el concepto de autoría todavía no existía y los cronistas eran meros recopiladores- aspectos de “El libro de Alexandre” en general referidos a la medicina.
No podían faltar las advertencias, tanto políticas como morales, así como los avisos de los peligros y trampas que acechaban en la vida cortesana. Me parece de interés comentar que se aconseja al gobernante que actúe de forma que se gane el respeto y la lealtad de sus súbditos.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
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