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Cartilla pacifista de Demófilo. Quinta Parte


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Continuamos con el rescate de un interesante material, publicado en Las Dominicales del Libre Pensamiento, publicación fundamental del librepensamiento, el laicismo y la masonería en el último cuarto del siglo XIX y primeros años del XX. Estamos hablando de la Cartilla Pacifista, cuyo autor fue Demófilo, es decir, Fernando Lozano Montes, un personaje fundamental en este ámbito y en el de la masonería. En esta parte los niños tienen un evidente protagonismo, así como el asunto de las quintas, siempre tan polémico entre los siglos XIX y XX.

“Los niños contra el cuartel

Los niños deben declarar guerra al cuartel. Es la boca del lobo que les espera para tragárselos cuando sean jóvenes. Es la cadena que les espera para sujetar sus piernas y sus brazos mientras sus madres les gritan desde lejos sollozantes: —Venid, venid á consolarnos. La herramienta del taller se ve arrinconada entre el polvo; el campo se cubre de abrojos; la yunta enflaquecida ha perdido el lustre de su piel; todo sufre, todo se agosta, todo llora cuando el mozo abandona sus lares para ir al cuartel. La obra creadora cesa, donde había vida, hay muerte.

«¡No más cuarteles. Queremos vivir!» He ahí otra divisa de los niños que deben escribir en sus banderas.

Cada vez que haya un sorteo de quintas, los niños deben pedir permiso á sus padres para hacer una manifestación ó ir á decir al alcalde:

«No queremos quintas. No queremos cuarteles. La patria tiene derecho á pedirnos nuestra sangre, pero no nuestra libertad y nuestro derecho. Nosotros no somos criminales para que se nos encierre en una prisión que es el cuartel. Nosotros no hemos cometido ningún delito para que se nos prive del derecho común y se nos aplique la bárbara ordenanza, ¿Se quiere que aprendamos el manejo de armas y las evoluciones militares? Vengan maestros militares á enseñárnoslo. Obligarnos á abandonar los trabajos del campo y del taller, es privarnos de un aprendizaje absolutamente indispensable á nuestros progresos técnicos y al progreso industrial de la patria. Es privar á nuestras familias de nuestro apoyo y del fruto de nuestro trabajo cuando más les podemos ayudar. Es además rasgar nuestros corazones y el corazón de nuestras madres. No pedimos el dejar de servir á la patria, pedimos que, puesto que es posible, se concilie ese servició con los derechos de la familia, con nuestro perfeccionamiento técnico y con los progresos de la industria nacional. Si aún se cree necesario educarnos para la guerra, edúquesenos en nuestras casas, sustituyendo el ejército militarista de los cuarteles por milicias cívicas, con lo cual se ahorrará el enorme gasto del acuartelamiento y se aumentará el contingente, porque abrazará á todos los ciudadanos. La organización actual del ejército es una rutina, ruinosa para el presupuesto y atentatoria á la seguridad nacional. Permítanos el señor alcalde, por tanto, terminar gritando:

¡Abajo las quintas!

¡Abajo los cuarteles!

¡Abajo el militarismo!»

(Continuará)

Fuente:  Las Dominicales del Libre Pensamiento, número del 27 de octubre de 1905.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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