“Si no fuera trágico, sería risible el cúmulo de forcejeos en que se consume el mundo capitalista en su irremediable naufragio. Los medios a que recurre en su desesperación son tan quiméricos que nos recuerdan la voracidad de aquellos dos gatos que se comieron uno a otro sin dejar ni los rabos para muestra. En una cosa coinciden los Gobiernos de todos los países: en hacer economías. Pero, fijémonos bien. Estas economías se refieren al numerario, a los gastos de dinero, sin preocuparse de que, paralelamente a esas restricciones monetarias, disminuye la riqueza verdadera y aumenta la miseria de la población. Los Estados se conceptúan como abstracciones irreales y no paran mientes en el individuo de carne y hueso que no puede vivir. Así, no dejan de producir extrañeza, aun en los menos versados en cuestiones económicas, disposiciones como éstas. El Gobierno federal del Brasil ha suprimido 2.322 teléfonos en ministerios y otras dependencias oficiales para ahorrarse nueve mil duros al mes. Con ello ha conseguido lanzar a la miseria a un enjambre de empleados, que en adelante ni podrán consumir ni cooperar a las cargas del Estado; aminorar en la proporción correspondiente el trabajo en la fabricación v el comercio de aparatos; disminuir la riqueza efectiva y las comodidades de la civilización y ahondar más la crisis por que pasa el capital y el trabajo. En cambio, las ventajas son nulas: el estancamiento del dinero, que se ha hecho para rendar. Con teléfonos o sin ellos, «en aquella inmensa República hay el mismo numerario». Lo más chusco es que, al lado de este «ahorro», el Gobierno ha autorizado el arrojamiento al mar de millones de kilos de café para que el artículo no abarate. Es una «economía» más del Estado capitalista frente a una población sin trabajo y hambrienta...