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El análisis de Rodolfo Llopis del proceso de fundación de la Internacional Socialista


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

Rodolfo Llopis reflexionó en las páginas de El Socialista (número 5577 de 19 de julio de 1951) sobre el proceso de constitución de la Internacional Socialista.

Al parecer, no había sido sencilla la tarea, con seis años de trabajo desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Llopis afirmaba que, en realidad, no era fácil explicar las razones de la lentitud. Pero Llopis ya había adelantado algunas en la prensa socialista en los últimos años, y quería recordarlas, además de señalar a los socialistas que habían manifestado mucha impaciencia, en todo caso, justificada, sobre lo que había ocurrido en el pasado después de la finalización de la Gran Guerra en relación con el internacionalismo socialista. Así pues, estamos ante un ejercicio de análisis histórico del secretario general del PSOE, que nos puede ayudar a comprender el proceso de génesis de la Internacional Socialista, y más desde un personaje que estuvo en ese tiempo. Llopis recordaba cómo la Segunda Internacional se dislocó con la guerra, además de explicar el nacimiento de aquella, y exponer el listado de Congresos que se celebraron, así como los nombres de los destacados socialistas de la época, incluido Pablo Iglesias.

Al terminar la Primera Guerra Mundial lo que quedaba de la Segunda Internacional se apresuró a convocar un Congreso. En 1918, en Londres se celebró una Conferencia. En la misma se decidió convocar un Congreso mundial obrero de forma paralela a la reunión de la Conferencia de Paz. Pero no se celebró el proyectado Congreso mundial obrero. En contraposición, hubo dos Congresos, uno sindical y otro socialista. Los dos fueron al mismo tiempo y en Berna en 1919.

Al Congreso socialista de Berna acudieron los representantes de los partidos socialistas europeos, tanto de los estados vencedores como de los vencidos. Fue una reunión dramática por ese hecho porque hacia muy poco que se reunían ciudadanos de países enfrentados.

Con dicho Congreso se aspiraba a reconstituir la Internacional, pero no fue posible. Las heridas de la guerra seguían sin cicatrizar. Pero, además, la Revolución Rusia había ya puesto en marcha los partidos comunistas. Todos los partidos socialistas sufrieron lo que Llopis denominó el “desgarrón que significó la escisión”. Surgió la Tercera Internacional. Llopis era muy crítico con la misma porque afirmaba que desde el primer momento, aunque hubiera expresado que estaba al servicio de la revolución, solamente se había limitado a servir ciegamente los intereses de la política exterior soviética.

La escisión debilitó a los partidos socialistas y produjo una gran confusión en los mismos y entre la clase obrera. La Segunda Internacional quedó, en realidad, deshecha.

En 1921 se puso en marcha la Internacional Socialista en Viena, la que se denominó “Dos y media”, por no querer ser ni la Segunda ni la Tercera. En esto se llegó al Congreso de Hamburgo de mayo de 1923. Al mismo acudieron los partidos que seguían fieles a la Segunda Internacional y los que estaban en la “Dos y media”. En la ciudad alemana unos y otros se pusieron de acuerdo y se reconstituyó la Internacional Socialista.

Pero después de la Segunda Guerra Mundial el proceso habría sido distinto. Llopis afirmaba que muchos de los partidos socialistas que habían surgido o se habían reconstituido en los países liberados lo habían hecho con “especial fisonomía”. Nadie se apresuró a convocar ningún Congreso reconstructor. Los partidos decidieron caminar despacio, aunque emprendiendo contactos, y se convocaron congresos y reuniones internacionales, es decir, interpretamos que ahora había primado la cautela, seguramente por la experiencia anterior, pero también porque las dos contiendas tuvieron naturaleza distinta, así como una posguerra harto distinta camino del enfrentamiento entre dos bloques. En realidad, ya en la guerra los socialistas que se habían refugiado en Londres, amparados por el Partido Laborista, se habían reunido con frecuencia. Eso habría permitido el mantenimiento del espíritu internacionalista.

En diciembre de 1944 se reunió en la capital británica una Conferencia de partidos socialistas. Solamente acudieron las formaciones de los aliados. Se constituyó un Comité de enlace para que hubiera relaciones oficiales entre los partidos socialistas. En marzo de 1945 en Londres se celebró una segunda Conferencia. Allí acudieron representantes de doce formaciones, asistiendo una delegación italiana. En marzo de 1946 la tercera Conferencia tuvo lugar en Clacton-on-Sea. Ya acudieron delegados de diecinueve países. La SFIO propuso que en agosto se de ese mismo año se celebrase una reunión en París para tratar exclusivamente el problema español. Se aceptó y acudieron ese verano veinte partidos.

Pero la Internacional seguía sin constituirse, y no se había emprendido ningún intento real de constitución. Eso no sería hasta la Conferencia de Zúrich en junio de 1947 con asistencia de veinticuatro partidos. Fueron los representantes belgas los que pusieron en la mesa el asunto, recibiendo el apoyo francés. No se pretendía restaurar la antigua organización sino de aprovechar las lecciones de la guerra y la posguerra para crear una nueva Internacional. Fue el socialista belga Max Buset quien expresó estas ideas, añadiendo que frente a la organización que se pretendía crear estaba la Internacional con sede en Moscú por mucho que se hubiera disuelto oficialmente, pero también se encontraba la organización de los partidos socialcristianos, más o menos inspirados por el Vaticano, con el apoyo norteamericano para que se fuera extendiendo.

Buset consideraba que ante esas dos organizaciones, la Internacional Socialista tenía una postura definida con tres causas: las libertades democráticas, la justicia social y la paz.

Los laboristas plantearon algunas reservas mientras que los partidos de los países que pronto estarían al otro lado del telón de acero mostraron su desacuerdo. Pero, en todo caso, la Conferencia de Zúrich aprobó la propuesta belga, donde se estimaba que había llegado el momento de reconstituir la Internacional Socialista. Se confió a una comisión internacional el encargo de presentar en la próxima Conferencia las bases de esa nueva Internacional, teniendo en cuenta la experiencia del pasado y las exigencias presentes de la acción socialista.

Esa siguiente reunión fue la Conferencia de Amberes en diciembre de ese mismo año de 1947. Asistieron veinticuatro países. Se discutió la cuestión y se aprobó una resolución que expresaba que las circunstancias actuales no eran favorables para la constitución de una Internacional Socialista, pero que la cuestión quedaba planteada ante la opinión socialista internacional y que volvería a examinarse en el momento oportuno. En todo caso, los socialistas reformaron la organización existente. De ese modo, se sustituyó el comité de relaciones por un comité de Conferencias internacionales Socialista, el COMISCO, como una base o embrión de la Internacional.

Llopis afirmaba que los partidos socialistas en ese momento de la segunda mitad de la década de los cuarenta pensaban que debía producirse una clarificación sobre qué era y qué pretendía un partido socialista. Debemos entender que nos encontramos en los inicios de la Guerra Fría. La URSS estaba ejerciendo fuertes presiones sobre las organizaciones socialistas. Al parecer, existía la sospecha de que los soviéticos pretendían actuar por personas interpuestas en las reuniones internacionales socialistas. Pero en el momento en que se pusieron en marcha los procesos en los países del Este para establecer los regímenes de democracias populares los partidos socialistas de dichos estados fueron suprimidos. A partir de ese momento las Conferencias se celebraron sin los partidos de Bulgaria, Rumania, Polonia, Hungría y Checoslovaquia.

Despejada esta compleja situación desaparecieron las principales dificultades que entorpecían el proceso de constitución de la Internacional.

Pero, por otro lado, es muy sugerente lo que planteaba Llopis sobre otra dificultad en el proceso de creación de la Internacional, y que tenía que ver con una cuestión generacional. En las reuniones internacionales los socialistas veteranos seguían empleando un lenguaje que chocaba a los socialistas más jóvenes. La nueva generación temía que ese lenguaje traducía pensamientos o planteamientos del pasado, como si los veteranos quisieran resucitar la Segunda Internacional con sus principios y mismos métodos de acción. Para superar este tipo de dificultad, Llopis afirmaba que hubo que dialogar mucho, y sobre todo a la hora de redactar la Declaración de Franckfurt. En realidad, el líder socialista español estaba diciéndonos que fue un trabajo laborioso, y con infinidad de reuniones y contactos, hasta que Víctor Larock, creyendo que había llegado el momento preciso dirigió una carta el 5 de enero de 1951 a Morgan Phillips, el secretario del Partido Laborista y presidente del COMISCO, en la pidió que el mismo, conservando su estructura y su funcionamiento, pudiera pasar a denominarse “Internacional”.

Phillips contestó que si el resto de los partidos del COMISCO aceptaba la propuesta de Larock, el laborismo británico apoyaría ese paso. Así ocurrió.

Pero al final de su análisis, Llopis se pregunta si había sido nada más un cambio de nombre. En otro trabajo prometía contestar.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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