Bohr. Luz y vida. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Mencionábamos las figuras de interferencia que aparecen, cuando la luz procedente de un foco luminoso, llega a una pantalla, siguiendo dos trayectorias distintas. Nos encontramos entonces, con que los efectos que producirán por separado los haces luminosos, son reforzados en aquello puntos de la pantalla, donde coinciden las fases de ambos trenes de ondas. Esto es, donde las oscilaciones eléctricas y magnéticas de dichos haces, tienen los mismos sentidos, mientras que dichos efectos se debilitan, e incluso llegan a desaparecer, en aquello otros puntos, donde las oscilaciones tienen sentidos opuestos y, donde los trenes de honda se dicen, que están desfasados entre sí. Estas figuras de interferencia, ofrecen una prueba tan perfecta, de la teoría ondulatoria de la propagación de la luz, que no cabe considerarla como una hipótesis, en el sentido habitual de esta palabra, sino estimarse más bien, como la explicación adecuada de los fenómenos observados.
No obstante, como es sabido, el problema de la naturaleza de la luz, ha sido objeto, en los últimos años, de un renovado examen, a causa del descubrimiento de una característica sustancial de atomicidad, en el mecanismo de la transmisión de energía, que, desde el punto de vista de la teoría electromagnética, resulta totalmente inexplicable. En efecto, cualquier transferencia de energía por la luz, puede reducirse a procesos aislados, en cada uno de los cuales se cambia un cuanto de luz, cuya energía es el producto, de la frecuencia de las oscilaciones electromagnéticas, por la constante universal del cuanto de acción de Planck. La evidente contradicción, entre esta atomicidad del efecto luminoso y, la continuidad de la transferencia de energía en la teoría electromagnética, nos enfrenta con un dilema de un carácter desconocido hasta ahora en la física. Así, a pesar de su insuficiencia, no existe la posibilidad de sustituir la imagen ondulatoria de la propagación de la luz, por alguna otra basada en las ideas mecánicas ordinarias. En especial, debe destacarse, que no es posible considerar los cuantos luminosos, como partículas a las que quepa atribuir una trayectoria definida, en el sentido de la mecánica ordinaria.
En realidad, la continuidad espacial de nuestra imagen de la propagación de la luz y, la atomicidad de los efectos luminosos, son aspectos complementarios, en el sentido de que explican características igualmente importantes de los fenómenos luminosos, que no pueden ponerse en contradicción directa entre sí.
Esta situación real nos obliga a renunciar a una explicación causal rigorosa, de los fenómenos luminosos y, a contentarnos con leyes de probabilidad, basada en el hecho de que la descripción electromagnética, de la transferencia de energía, se conserva válida en sentido estadístico. Esto constituye una aplicación típica, del llamado “principio de correspondencia”, que alude al intento de utilizar hasta el máximo, los conceptos de las teorías clásicas de la mecánica y de la electrodinámica, no obstante, la contradicción existente, entre estas teorías y el cuanto de acción.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.