Incertidumbre. Una audacia impensable. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Era ya agosto de 1914, un mes aciago. Niels y Harald Bohr dejaron Alemania para realizar un viaje por los Alpes tiroleses. En los diarios leyeron las noticias urgentes y terribles de la guerra inminente y, se enteraron de que los veraneantes que estaban por toda Europa, salían en masa hacia sus países, a través de un tenso continente. Los Bohr tomaron un tren y, se encontraron de vuelta a Alemania, justo media hora después de la declaración de guerra con Rusia. Al llegar a Berlín, encontraron muchedumbres vociferantes, jadeando por la contienda que estaba a punto de empezar. Niels Bohr observó secamente: “Es costumbre de Alemania encontrar un entusiasmo así, en cuanto se trata de un asunto militar”. Tras otro angustioso viaje en tren a la costa norte, embarcaron en un ferry hacia Dinamarca, sanos y salvos.
En cuanto Bohr realizó su debut en el mundo de la física alemana, la guerra cortó la mayoría de contactos durante años. Mientras tanto, él trataba de procurarse una situación mejor en Copenhague. Carecía de laboratorio y, lastrado por la docencia de física a estudiantes de medicina, apenas si tenía tiempo para la investigación. Lo que es peor, no tenía colegas con los que poder discutir sus ideas. Comenzó a presionar para que la universidad abriera un instituto de física teórica, pero con la guerra en ciernes, el Gobierno danés no puco conceder prioridad a ese plan. En lugar de ello, Bohr aceptó con gratitud, una oferta de Rutherford para regresar a Manchester. Pero Rutherford se dedicaba por entonces a la investigación de guerra (diseñaba métodos para para detectar submarinos, a través del sonido que hacían bajo el agua) y Bohr tuvo que arreglárselas el solo.
A lo largo de su vida, el método de trabajo, ideal para Bohr, era involucrarse en una continua discusión abierta, un seminario informal permanente, convocado por sus colegas. Pensaba en voz alta, lanzaba ideas nuevas, comentaba y criticaba, saltaba hacia adelante, divagaba, se detenía y resumía. Sus dos años en Manchester fueron personalmente felices para él y su joven esposa (ella decía que la ciudad industrial, no era tan encantadora como Cambridge, pero la gente era más acogedora), aunque científicamente solitarios.
A pesar de la guerra, la ciencia continuaba. Secuestrado en Alemania, Sommerfeld se tomó en serio el modelo atómico de Bohr. Se intercambiaron artículos y cartas entre las trincheras. Las ideas aún podían viajar. Aunque indirectamente, Bohr podía encender chispas en otros.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.