Voltaire. Diccionario Filosófico. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
“Quienes han sostenido que una sociedad de ateos podría mantenerse, han estado en lo cierto, porque la sociedad está constituida por sus leyes; y un grupo de ateos, que a la vez sean filósofos, pueden llevar una vida muy juiciosa y feliz, al amparo de las leyes; sin duda vivirían ellos más placenteramente en sociedad, que los fanáticos supersticiosos” (“Ateísmo” en “Diccionario filosófico”)
Además de ser el siglo de la correspondencia, como dijimos, el siglo XVIII es el de los diccionarios, es decir, que además de por Twitter y Facebook, también se apostaba por un equivalente funcional de Google y de Wikipedia. Este furor por los diccionarios, llego hasta el punto de imprimirse un “Diccionario de los diccionarios”, un listado de diccionarios publicados en todo tipo de idiomas.
Voltaire estaba persuadido, de que la creciente multiplicidad de hechos y escritos, alcanzaría un tamaño tan descomunal, que muy pronto resultaría imprescindible “reducir todo a extractos y diccionarios”, Reconocía sin ambages, la importancia de este modo del saber del cual, por otra parte, él hacía un gran uso, como demuestra la treintena de diccionarios, incluidos en el catálogo de su biblioteca.
Aunque la biblioteca imaginaria de Pococurante en “Cándido”, no menciona diccionario alguno, Voltaire supo hacerles sitio en su gabinete de trabajo y en sus escritos, donde no regatea elogios al “Diccionario histórico y crítico” de Pierre Bayle, defendiéndolo, por ejemplo, frente a D’Alembert, a quien reprende, por haber escrito en el artículo “Diccionario” de la “Enciclopedia”, que el “Diccionario histórico y crítico”, era una “obra a la que su autor hubiera vuelto mucho más estimable, suprimiendo lo que pueda herir a la religión y las costumbres”. Al leer ese dictamen, la sarcástica pluma de Voltaire escribe a D’Alembert lo siguiente: “¡Cómo me habéis entristecido! Tendréis que hacer penitencia toda vuestra vida, por esas líneas ¿Qué habríais podido añadir a Spinoza y La Fontaine? ¡Que terrible despotismo ejerce, cierta tiranía de los espíritus, si ha obligado a mi hermano, a habla así de nuestro padre!”.
El interés de Voltaire por los proyectos alfabéticos, lo manifiestan sus contribuciones a la “Enciclopedia” y, al “Diccionario de la Academia Francesa”, a las que mandó, 45 y 117 artículos, respectivamente. Como ya hemos dicho con anterioridad, poco antes de morir, conminó a la Academia, a emprender la tarea de elaborar un nuevo diccionario, con arreglo a un plan, redactado por él mismo. Pero conviene recordar que Voltaire, es firme partidario de la concisión y la brevedad. A su modo de ver, el Talón de Aquiles de la “Enciclopedia” por antonomasia, es decir, del “Diccionario renovado de las ciencias, las artes y los oficios” debido a Diderot, sería su tamaño, cuyo elevado precio, atentaría ya de suyo, contra las exigencias de la divulgación.
Y es con esta convicción, con la que idea su “Diccionario filosófico portátil”, en el que se toma grandes libertades, como las que describe en 1761 a madame Du Deffand: “Soy tan insolente en mi manera de pensar, a veces tengo expresiones tan temerarias, odio tanto a los pedantes, me horrorizan hasta tal punto los hipócritas, me encolerizo tan exaltadamente contra los fanáticos, que no podría residir en París, más allá de dos meses”. Collini, secretario de Voltaire, durante su estancia en Potsdam, Prusia, levantó acta de la génesis del proyecto, relativo a su “Diccionario de bolsillo”: “El 28 de septiembre de 1752, se fue muy preocupado la cama. Me participó que, durante la cena con el rey de Prusia, se había divertido con la idea de un diccionario filosófico, gasta adoptarla en serio, habiéndose comprometido a participar en él. A la mañana siguiente, puso manos a la obra”.
Sin duda tal idea flotaba en el ambiente.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.