El Colegio electoral de los Estados Unidos
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Con la Constitución americana nació un nuevo orden, basado en la honorabilidad de una figura (la del presidente) que no necesita distinguirse ni dotarse de autoridad por su denominación, sino por la rectitud de sus principios. La cuestión radicaba – como ya he escrito antes – en el procedimiento para la elección del presidente.
Los “padres fundadores” recelaban por partida doble: del pueblo y de las facciones. Por eso instituyeron el Colegio Electoral, como filtro de contención de las pulsiones populares. Los constituyentes, no se fiaban de que el pueblo pudiera elegir a las más distinguidas personalidades, para ejercer la presidencia. Así el Colegio podría reorientar, redirigir o, llegado el caso, “interpretar” el designio de los votantes.
De entrada, los delegados de la Convención de Filadelfia, rechazaron tres ideas: el presidente no sería elegido por el Congreso, para evitar convertir al ejecutivo, en poder dependiente del legislativo, traicionando así, el principio esencial de la división de poderes. En segundo lugar, tampoco las asambleas de los estados, debían proponer a los candidatos, debido a que cobrarían un protagonismo, que pondría en peligro el delicado equilibrio de poderes entre los estados y la Unión. En tercer lugar, también fue rechazada la elección directa, ya que se corría el riesgo de que los ciudadanos, votaran por candidatos de sus estados y, en consecuencia, la elección se ventilara, entre candidatos de los estados más poderosos. Además, como hemos apuntado ya, los delegados de la Convención, mostraban cierta desconfianza hacia la “democracia”: no querían dejar en manos del pueblo, una decisión tan transcendente.
El 8 de septiembre de 1787, se aprobó la fórmula del Colegio Electoral. La figura del compromisario o elector figura en la Constitución, la del Colegio, tal como lo conocemos hoy, no. Con la perspectiva de casi dos siglos y medio, hoy el Colegio carece de sentido. Pero constituye un formalismo, propio de un sistema orgulloso de sus raíces. Ningún americano conoce el nombre de los compromisarios de su estado, sólo saben que votan al presidente de los Estados Unidos. Tradicionalmente, los compromisarios cumplen fielmente, con la voluntad popular expresada por los votantes en las elecciones.
Una curiosidad. La mayoría sabemos que las elecciones americanas, se producen mecánicamente cada cuatro años, el primer martes después del primer lunes de noviembre. Pero ¿por qué en esa extraña fecha? Un martes para que a los ciudadanos, les diera tiempo a llegar a la votación, tras su día de descanso y oficio religioso. El primer martes después del primer lunes, para que nunca coincidiera con el Día de Todos los Santos. Y porque los comerciantes ponían en orden sus cuentas, el primer día de cada mes. Las elecciones se celebran en noviembre, terminada la recogida de la cosecha, y antes de la llegada de los fríos. Todo tiene su explicación.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.