El necesario uso de la ironía
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En el bachillerato tenía un muy buen amigo, que también se llamaba Emilio. Tenía un timbre de voz agudo, como de soprano, que los compañeros de curso, estimaban como afeminado. En esa edad cruel de la adolescencia, para obtener el liderazgo del más fuerte, se señalaba a alguno del grupo para deshumanizarlo, utilizando la mofa o la intimidación. Era un mecanismo tan viejo como el poder: usamos el insulto y la ridiculización hacia fuera, para generar camaradería dentro. Por aquel entonces yo no lo sabía, aún no hilaba muy fino. Así que mi único recurso, fue liarme a tortas un día, contra los que se metían con Emilio. Miriám Martínez-Bascuñan, nos explicaba el otro día, que “ser popular” ¿solo entonces? requería de cierto desprecio antiintelectual, pues se ganaba más puntos de cara a la galería, con el chascarrillo que humillaba al más débil.
Cosa distinta, he llegado a aprender, es el uso de la ironía, el recurso de Sócrates para obligar a su interlocutor, a adentrarse en las complejidades del pensar, un instrumento sutil, con el que apreciamos hasta que punto, el leguaje sostiene indivisiblemente la realidad. La ironía es justo lo opuesto a la broma del listillo de turno, pues acorta la distancia entre nosotros. En la legua de Homero, recordemos, el dios Hermes cubría la distancia entre hombres y dioses, llevando sus mensajes. Al entregar la misiva, aquel dios de sandalias aladas, las traducía e interpretaba humanizando la vida.
Por eso, para hacer más accesible algo, necesitamos interpretar, lo cual nos acerca. Porque el zasca, no es más que el recurso fácil a la francachela, para ganarse el aplauso de la tribu, siempre sabiendo que señalar a alguien, tendrá un efecto cascada: tras él se lanza siempre la manada.
Esto sucede en gran parte en las redes. Las inundan bromistas, frikis, acosadores y troles, cuando lo que pretendemos es hablar de ideas políticas, o cuando simplemente deseamos echarnos unas risas, y la mayoría no sabe distinguir un objetivo del otro. Buena parte de las camarillas tuiteras, no buscan más allá de crear una comunidad que los jalee, generando una fractura, que señala el espacio sobre el que verter odio. Se fomenta el sentimiento de pertenencia a una tribu, mediante la ridiculización del otro, reivindicándose bajo el eufemismo de la “libertad de expresión”. Pero en realidad, si nos paramos a pensar, todo eso tiene más que ver con la pérdida de sensibilidad, que provoca la distancia en las redes, y las aplicaciones de Internet. Ese falso presentismo de las redes, nos incita a la reacción inmediata. Contestamos sin pensar antes. Porque las redes nos han robado los rostros, haciéndonos insensibles al dolor que podrían expresar. Es una especia de “déjà vu”, de un retorno intelectual a los pasillos de la escuela, a una supuesta adolescencia.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.