Voltaire. La Religión. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Al parecer, Voltaire se resignaba sin queja ni reproche, a las condiciones del absolutismo político y, la desgracia y la ruina, que la nulidad del gobierno trajo sobre su país, con la guerra de los Siete Años. Aunque lo sintió profundamente, nunca provocaron en él, ideas de cambios temporales. Su correspondencia en esta época fatal, está caracterizada por una apatía alarmante, ante los acontecimientos públicos. Si compramos su jubiloso entusiasmo, ante la subida de Turgot al poder, en 1774, no podemos vacilar en creer, que este extraño sopor del sentimiento, era únicamente el silencio de un hombre sabio, que desespera de decir o ver algo útil y, no el desvarío criminal, de un mal ciudadano, al que no le interesa la felicidad de su patria.
Los desastres de Francia, fueron tan serios para él, como para ningún otro, como podemos comprobar en la filosofía afectada, con que su espíritu chispeante, gustaba de encubrir sus sentimientos reales. Pero la imposibilidad de hacer nada, ni aun siquiera de tomar parte, en el proceso de formación de la opinión pública, le llevaron como consuelo al campo, donde estaba seguro, de poder hacer una obra eficaz. Escribiendo en 1761, un año después de la ruina nacional, dice a uno de sus amigos más antiguos y más íntimos:
“Nada hay en esto, que pueda tomarse a burla, estoy convencido de corazón. Nuestro único recurso, es la paz más pronta y más humillante. Siempre imagino, cuando sobreviene algún desastre abrumador, que el francés estará serio, por espacio de seis semanas. No he sido aún, capaz de desengañarme de esta opinión”.
Voltaire estaba penetrado por el espíritu de acción y, comprendía y deploraba, que la organización de Francia, no permitía la acción eficaz de cada individuo, privadamente en el campo de la política. Hay en el canto I de su “Henriade”, estrofas que exaltan la libertad de Inglaterra y, algunas veces se entrega a los lugares comunes, de un republicanismo literario. Pero si examinamos, la parte de sus obras, que sus editores han calificado de “políticas”, apenas encontramos más que documentos, que, aunque son harto importantes e interesantes, no son en realidad “políticos”.
Voltaire ataca perpetuamente y con gran variedad de formas, el perjuicio material causado a la sociedad, por el gran número de frailes, mendicantes o de otra clase, sus vidas improductivas, la carga de su manutención, pesando sobre sus súbditos más industriosos, la disminución de la población, ocasionada por su celibato. La negativa resuelta del clero en 1750, a consentir en pagar su parte de tributos, como los demás ciudadanos, aunque poseía la quinta parte de la propiedad del reino, indujo a Voltaire a insistir, en un vigoroso libelo, en que la distinción entre poder espiritual y temporal en una nación, era un resto de barbarismo. Que era monstruoso permitir que una agrupación de hombres, diga: “que paguen los que trabajan; nosotros no debemos pagar; porque estamos ociosos”. Añadía Voltaire, que la superstición tiende, inevitablemente, a hacer malos ciudadanos y, que, por eso, los príncipes deben proteger a la filosofía que destruye la superstición.
El biógrafo de Voltaire, John Morley, afirma que el oficio de Voltaire, nunca fue directamente político, sino espiritual (si lo espiritual puede afirmarse, que no es político, digo yo). Que se trataba de remover los cimientos de ese sistema religioso, que se decía fundado sobre la revelación de Cristo ¿No obraba Voltaire con justicia? Si nos vemos entre una generación de espíritus crueles, injustos e ignorantes, podemos asegurar que sus creencias, son las que los han hecho así. No hay que contar con la inefabilidad de la justicia, de hombres que son capaces de adorar una divinidad injusta; ni en su humanidad, cuando mezclan motivos humanos, con sus dogmas más sagrados; ni en su buen juicio, mientras se niegan a admitir la razón, como un criterio de verdad.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.