El futuro de la nostalgia
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
La periodista e historiadora Anne Applebaum, que no es ninguna “revolucionaria”, sino más bien una mujer de centro derecha, ha publicado un libro interesante “La seducción del autoritarismo”, en el que podemos leer interesantes reflexiones, sobre el porvenir de la democracia.
La nostalgia – escribía la artista y ensayista rusa Svetlana Boym, en su elegante obra “El futuro de la nostalgia” – se presenta bajo dos formas. Algunos lectores se han sentido cautivados, por lo que ella llama, la nostalgia “reflexiva” del emigrado o del esteta, la nostalgia que atrae a los coleccionistas de cartas amarillentas y fotografías color sepia, la nostalgia de quienes gustan de las iglesias antiguas, aunque jamás asistan a los servicios religiosos. Los nostálgicos reflexivos añoran el pasado y sueñan con él. Algunos incluso lloran por el suyo. Pero en realidad no quieren recuperarlo. Quizá ello se deba a que, en el fondo, saben que la antigua morada está en ruinas, o se ha aburguesado hasta hacerse irreconocible, o a que reconocen en su fuero interno, que de todos modos, ahora, ya no les gustaría mucho. Puede que hubiera un tiempo, en el que la vida era más placentera o más sencilla, pero también era más peligrosa, o más aburrida, o quizá más injusta.
Radicalmente distintos de los nostálgicos reflexivos, son los que Svetlana Boym denomina nostálgicos “restauradores”. Estos no sólo miran viejas fotografías y, reconstruyen historias familiares. Son artífices de mitos y arquitectos, constructores, de monumentos y, fundadores de proyectos políticos nacionalistas. No quieren limitarse simplemente a contemplar el pasado o aprender de él. Desean “reconstruir el hogar perdido y, reparar las lagunas de la memoria”. Muchos de ellos no reconocen sus propias ficciones sobre el pasado, como lo que son, ficciones: “Creen que su proyecto va de verdad”. No les interesa el pasado con todos sus matices, un mundo en que los grandes líderes eran hombre imperfectos y, en el que las famosas victorias militares, tenían consecuencias letales. No reconocen que el pasado pudo haber tenido sus inconvenientes. Quieren la versión Disney de la historia y, lo que es más importante, quieren vivir en ella aquí y ahora. No quieren representar papeles del pasado porque eso les divierta: desean sin la menor ironía, comportarse como creen que lo hicieron sus ancestros.
No es casual que la nostalgia restauradora, a menudo vaya de la mano, de las teorías conspiranoicas y las mentiras. Pueden recurrir a determinados chivos expiatorios, en lugar de invocar una realidad alternativa en toda regla. Como mínimo puede que ofrezcan una explicación: la nación ya no es tan grande como antes, porque alguien nos a atacado, nos ha socavado, ha minado nuestra fortaleza. Alguien – los inmigrantes, los extranjeros, las élites o incluso la Unión Europea – ha pervertido el curso de la historia y, ha reducido a la nación, a una sombra de lo que fue. La identidad esencial que antaño nos caracterizaba, nos ha sido arrebatada y reemplazada, por una versión barata y artificial. A la larga, quienes buscan el poder apoyándose en una nostalgia restauradora, empezarán a fomentar esas teorías conspiranoicas, o historias alternativas, o embustes alternativos, sin importar que tengan una base real o carezcan de ella.
Echar un vistazo a la historia de los últimos años, de la Inglaterra del Brexit, de la Polonia de los hermanos Kasinsky, o la Hungría de Viktor Orbán.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.