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Voltaire. La Religión. V


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Voltaire parece haber sido consciente, del vasto espacio que un rayo de luz ha de atravesar, antes de que llegue a la vista del entendimiento humano.

“Ahora comprendo – escribía el año anterior a su muerte – que debemos esperar todavía tres o cuatrocientos años. Un día puede suceder que los hombres buenos, ganen su causa. Pero antes de que ese glorioso día llegue ¡cuántos disgustos tenemos que sufrir, cuantas sombrías persecuciones”.

Hablar así, era reconocer el verdadero carácter de la revolución y, los muchos elementos que contribuyen, a la transformación de una antigua sociedad. Hablar así, era también, reconocer el carácter del sincero amante, del progreso humano, mezclado con mucho dolor por el bien distante, que viene a pasos lentos.

Era una cosa natural, identificar a los jesuitas, con la parte más fuerte de la antigua sociedad, porque su organización era, a la vez, el más sólido y el más asombroso, de sus sostenes exteriores. Su expulsión, aunque sea difícil de excusar, como no fuese por la condición, de una completa ruina de la moralidad y, la extinción de la luz intelectual, había producido un efecto, que los hombres de Estado de aquella época, apenas hubieran esperado y, que no había sido suficientemente considerada.

Como el papado en el siglo XIV, se había hecho, cada vez más, un poder exclusivamente temporal, así los jesuitas, a mediados del siglo XVIII, se habían convertido en un poder comercial. Fueron una poderosa corporación industrial y, como negociantes, más bien que como casuistas y directores de conciencias, fue como entraron definitivamente en la lucha, con la autoridad secular en Francia, Portugal y España. Desde entonces, la restauración del orden, se centró exclusivamente, en la lucha por la supremacía espiritual y, por la cantidad de poder temporal, que parecía esencial para su seguridad.

La explosión reaccionaria del fanatismo, para el cual era una señal la humillación de los jesuitas, solo demostró cuan fundadas habían sido, realmente, las quejas volterianas, sobre los depravantes efectos, del sistema imperante de religión. Era la comprobación, de todo lo que Voltaire dijo siempre contra el sistema y, demostraba la virulencia y la tenacidad de las influencias, que el catolicismo había ejercido en los días de su degradación, sobre el carácter de la nación. Era más ilógico esperar, que una persona que había sido educada en la tradición católica, súbitamente acogiese bien a sus enemigos. Si el catolicismo hubiera educado a los hombres, en el carácter que busca la luz y la ama ¿cómo hubiera merecido la animosidad?

Es una de las más penosas condiciones, de las empresas humanas que, cuanto más numerosos y resueltos, son los enemigos de la reforma, más urgente e inequívoca sea su necesidad. Porque fueron posibles la crueldad, la persecución y la ignorancia, en los últimos diez años, fue por lo que el ataque al catolicismo era justificable y, digno de alabanza. Mostraron la profundidad y solidez, de las fuerzas de la antigua sociedad y, pronosticaron la violencia que caracterizó su disolución. Si las gentes hubieran recordado en 1789 (año de la revolución) cuan pocos años les separaban del universal fanatismo, que entenebreció los últimos días de Voltaire, hubieran calculado mejor, cuán pocos años les separaban, del Concordato napoleónico.

Podemos creer con firmeza, que ninguna transformación permanente de la sociedad, puede llevarse jamás acabo, hasta que se ha verificado una transformación, en la base espiritual del pensamiento. Voltaire pudo haber visto esto claramente y haberlo formulado a o no. En todo caso, dirigió el curso de su vida, exactamente como si lo hubiera visto. Como Guizot afirma (François Pierre Guillaume Guizot, fue un historiador y político francés. Participó en el gobierno, durante la monarquía de Luis Felipe de Orleans y, fue líder de los doctrinarios) la separación entre el orden espiritual y temporal, nunca fue real en Europa, excepto en el siglo XVIII, cuando por primera vez el orden espiritual, vegetaba completamente aparte, del orden temporal.

Pues eso.

(Continuará)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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