Voltaire. La Religión. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
La decadencia de los jesuitas, tomó la forma de depravación de la moral, mientras que los jansenistas se adhirieron más y más estrechamente, a un concepto fanático y estrecho de la fe. El Parlamento de Paris, que era por cierto jansenista, quiso resistir a un arzobispo molinista (por Luis de Molina) y a sus satélites, cuando se negaban a enterrar, a todo el que hubiera muerto, sin haber recibido un certificado de conformidad, con la famosa bula “Unigénitos”, que proscribía el jansenismo.
Pero nadie por eso se inclinó, a suprimir al común enemigo, que despreciaba por un igual, la bula y las cinco proposiciones, a Molina y a Jansenio, al arzobispo Beaumont y a Quesnel (sacerdote y teólogo jansenista francés, que perteneció a la congregación del Oratorio. Excomulgado y condenado por la bula Unigenitus1 de Clemente XI). La natural sagacidad de Voltaire, le hizo sensible al hecho, que quizá sigue siendo tan verdadero ahora como entonces, de que las clases medias y profesionales, son el peor enemigo de la opinión liberal y, más intolerantes que los residuos de las antiguas jerarquías aristocráticas.
Voltaire escribe a D’Alembert: “Hacéis bien en declararos enemigo de los grandes y de sus aduladores. Sin embargo, los grandes lo protegen a uno en ocasiones, desprecian a la “Infame” (”¡Écrasez l’infâme!” —aplastad al infame— escribió Voltaire, refiriéndose a las supersticiones y los dogmas religiosos, que ahogan las mentes de los ciudadanos) y no persiguen a los filósofos. Pero en cuanto a nuestros pedantes de París, que han comprado su oficio; en cuanto a esos insolentes burgueses, medio fanáticos, medio imbéciles, no pueden hacer más que daño”.
El Parlamento de París, fue el primer aliado de todos los fanáticos de la corte en 1757, publicando edictos mortales contra la “Enciclopedia” y, todo lo referente a su publicación o producción. En 1762, el año de la publicación del “Émile” y del “Contrato Social”, toda la influencia de los poderosos protectores de Rousseau, no impidió que se lanzase contra él, un decreto de arresto.
En 1762, François Morellet (artista contemporáneo francés, pintor, grabador y escultor) había publicado, bajo el título de “Manuel pour les inquisiteurs”, una colección de las partes más cueles y repugnantes, de los procesos del Santo Oficio, sacada del ·”Directorium Inquisitorum” de Eymeric, gran inquisidor del siglo XIV. Las crueldades a sangre fría de los procedimientos, que fueron sacados a luz en el siglo XVIII, causaron la más profunda sensación, entre los partidarios de la tolerancia, que aumentaban con rapidez. Voltaire se sintió intensamente conmovido, con esta resurrección de los hombres que él, equivocadamente, creía muertos. Pero Malesherbes (Guillaume-Chrétien de Lamoignon de Malesherbes, hombre de estado francés, ministro y más tarde consejero para la defensa de Luis XVI. Murió en la guillotina durante el periodo del Terror de la Revolución francesa) al dar a Morellet, el permiso exigido para imprimir su “Manuel”, espantó a su amigo Voltaire, diciéndole que, aunque supusiese que estaba dando al mundo, una colección de hechos extraordinarios e inauditos, en realidad la jurisprudencia de Eymeric y su inquisición, eran casi idénticas, a la jurisprudencia criminal de Francia, en aquel momento.
Estas atrocidades encendían en Voltaire, una llama de cólera y compasión, que se conserva como una de las cosas, de que la humanidad está con justicia orgullosa. “¿Este es el país de la filosofía y del placer? se preguntaba Voltaire. Este más bien es el país del degüello de san Bartolomé. Pues bien – proseguía – la Inquisición no se hubiera aventurado a hacer, lo que estos jueces jansenistas han hecho”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.