Voltaire. La religión. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
A estas alturas no pude cabernos dudad alguna, de que Voltaire se propuso deliberadamente, destruir la teología católica, tanto como el sistema eclesiástico que a ella iba unido y, lo hizo así, por la sencilla razón, de que siempre ha sido imposible a los hombres, hacerse indulgentes en sus actos, mientras siguen siendo fanáticos en creencias. “No cesarán de ser perseguidores – decía Voltaire – hasta que hayan dejado de ser absurdos”.
El objeto que perseguía era asegurar la tolerancia. Pero la tolerancia sólo era de esperar, como producto de la indiferencia. Y la indiferencia habría de ser propagada, arrojando la plena luz y la razón del sentido común, sobre los cimientos místicos de la religión revelada. Resultaba esencial que se probase, que eran detestables y ridículas las supersticiones, en las que la tolerancia tenía sus raíces. Cuando los hombres hubieran aprendido, a ridiculizar la superstición, luego comprenderían cuan abominable es el fanatismo opresor.
Apenas es posible negar el servicio que el protestantismo prestó a Inglaterra, al impedir que la reacción del catolicismo, frente a los avances científicos, degenerasen en abruptas e irreconciliables rupturas, como sucedió en Francia e Italia. En Inglaterra la causa de la tolerancia ya había sido defendida en la obra “La libertad de profecía”, de F. W. J. Schelling, basado en el alegato de la tolerancia, sobre la dificultad de estar seguros de tener razón. Las famosas “Letters on tolerance”, publicadas en 1689, en las que se da el paso, verdaderamente admirable, de reducir las funciones del gobierno civil, a los intereses de los hombres civiles y, a las cosas de este mundo, eran obre del mismo John Locke, que reivindicaba la verdad del cristianismo. Los “deístas” ingleses, recalcaron de un modo muy eficaz, la deducción de la libertad universal del lenguaje, provenientes de las primeras máximas del protestantismo. De aquí, que no hubiese unión inseparable, entre la fidelidad a las antiguas ideas religiosas y, la prohibición de hablar libremente de las cosas espirituales. Y, por otra parte, no había obligación, en los que reclamaban la libertad de lenguaje, de atacar una Iglesia, que no negaba su reclamación.
En Francia, la política estrictamente represiva de la Iglesia en el siglo XVIII, algunas veces sangrienta y cruel, como en la persecución de los protestantes, otras veces vejadora, como en la persecución de los literatos, pero siempre inflexible, produjo el efecto de convertirla en un puntillo de honor, para la mayoría de los que se servían de la libertad, para echarse sobre los sistemas religiosos, en los cuales la intolerancia rigorosa, era una característica dominante.
Voltaire al final de sus días, defendía que la Iglesia sólo merecía la censura, por la tempestad que provocó su enseñanza en los últimos años, cuando su propio y valeroso ataque a la misma, había inspirado muchos otros menos brillantes, pero no menos acerbos. La causa de que inundara Europa, la literatura del negativismo y del repudio, debe buscarse, ante todo, en las furiosas disputas teológicas, que conmovieron a los mejores laicos. El propio Voltaire fue el gran apoyo, de esta violenta reacción del sentimiento. Le dio su justificación, alimentó su fuego y, la circundó de espléndida brillantez. Aun cuando, con la timidez de su avanzada edad, pareció deplorar la creciente ferocidad del ataque, siguió ridiculizando al los clericales, por su locura en permitir una virulencia mediocre y egoísta, para desfigurar toda consideración, de verdadera sabiduría política.
“Ahora – escribía en 1768 – se ha producido una revolución en el espíritu humano, que nada podrá detener. Hubieran impedido esta revolución, si hubiesen sido prudentes y moderados. Las contiendas de jansenistas y molinistas (por Luis de Molina) han hecho más daño a la religión cristiana, que el que le hubieran hecho cuatro emperadores como Juliano II el apóstata, uno detrás de otro”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.