Táctica y ética
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Lo que sigue, es sólo ya un pedazo de nuestra historia. Pero bueno es no olvidarlo.
Tras la Primera Guerra Mundial, en 1919, los profundos cambios que se produjeron en Budapest, fueron incluso más reveladores y drásticos, que los que habían tenido lugar en Viena. Hubo un buen número de científicos brillantes – físicos y matemáticos – que se vieron obligados a buscar trabajo, y también mejores estímulos, en el extranjero. Entre ellos: Edward Teller, Leo Szilard y Eugene Wagner, todos judíos. Los tres acabarían en el Reino Unido o los Estados Unidos, investigando acerca de la bomba atómica. También hubo un segundo grupo, formado por escritores y artistas, que permaneció en Budapest.
El “Círculo de los Domingos”, o el “Círculo de Lukács”, como se le llamó, llevaron a un eclipse de la ética, que sumió al mundo en la obscuridad durante un buen tiempo. El “Círculo de los Domingos” se había formado después del inicio de la guerra, cuando un grupito de jóvenes intelectuales, comenzó a reunirse las tardes de los domingos, para discutir cuestiones artísticas y filosóficas, relacionadas especialmente con el mundo moderno. El grupo contaba con Karl Mannheim, sociólogo, el historiador Arnold Hauser, los escritores Béla Balázs y Anna Leznai, y los músicos Béla Bartók y Zoltán Kodaly, congregados alrededor del crítico y filósofo George Lukács. Muchos de ellos habían viajado con frecuencia, y hablaban alemán, francés e inglés, además de húngaro. Lukács era un buen amigo de Max Weber.
Su soledad, en pleno corazón del capitalismo moderno, se convirtió en el centro de sus tertulias, durante el transcurso de la guerra. Pero tras la Revolución bolchevique, sus miembros se decantaron por la política radical. Un factor que se añadió a su alienación, fue la condición judía de sus miembros. En una época de creciente antisemitismo, no podían sino sentirse marginados. Antes de la guerra, se habían mostrado abiertos, a determinados movimientos internacionales. Entre ellos el impresionismo y el esteticismo; en particular les atraía la obra de Paul Gauguin que, a su parecer, había logrado realizarse lejos de la cultura antisemita de Europa, en la remota Tahití. “Tahití curó a Gauguin”, escribió Lukács en cierta ocasión. Y él mismo, se sentía tan marginado en Hungría, que prefirió escribir en lengua alemana.
Hasta la Revolución bolchevique, los miembros del grupo habían considerado el marxismo, como algo demasiado materialista y cientifista. Sin embargo, tras tanta oscuridad, y después de la incursión del propio Lukács, en el mundo de las artes, que le llevó a reducir la esperanza de redención, que había concebido en esta dirección, el socialismo comenzó a parecerles – a él y a otros miembros del grupo – la única opción que ofrecía un camino hacia delante. A la manera de Kant, Lukács respaldaba la primacía de lo ético en la política.
En 1917, Lukács había escrito: “El bolchevismo se basa en la premisa metafísica, de que el bien puede provenir del mal, de que es posible mentir, para llegar a la verdad. Yo soy incapaz de compartir esa fe”. Pero no pasaron muchas semanas, antes de que el autor de estas líneas, se afiliase al Partido Comunista de Hungría. Justificó su decisión, en un artículo titulado “Táctica y Ética”. Para él, la cuestión central permanecía inalterable: ¿Podía justificarse la imposición del socialismo mediante el terror, mediante la violación de los derechos individuales, en interés de la mayoría? Se preguntaba, si se podía alcanzar el poder a través de la mentira o si, por el contrario, se trataba de un método opuesto por completo, a los principios del socialismo. Lukács llegaba a la conclusión, de que el terror sí era legítimo en el contexto socialista. Y que, por tanto, el bolchevismo era una encarnación legítima del socialismo.
En breve, éste fue el eclipse de la ética, la sustitución de unos principios por otros. Lukács es importante en este sentido, porque admitió abiertamente, haber experimentado dicho cambio, que lo llevó a justificar el terror. Conrad ya había previsto un cambio semejante. Y Kafka estaba a punto, de dejar constancia de los efectos psicológicos más profundos, sobre los afectados. Al menos Lukács, tuvo el coraje de titular su artículo “Táctica y Ética”, con lo que la cuestión quedaba a la vista de todos. Cosa que no puede decirse, en el caso de otros intelectuales supuestamente de izquierdas.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.