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Carmen Romero. II


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Acabábamos el texto anterior, con la conversación entre Anna Dolfi y Carmen Romero, hablando del libro “Le donne muoiono” de Anna Banti, que a Carmen le estaba gustando mucho. Dolfi le dijo que era un buen libro, pero no el mejor de Banti ¿Has leído la biografía de Artemisia Gentileschi? Mañana te la traigo. Es un libro difícil, lo escribió dos veces, porque la primera versión, se perdió en un bombardeo durante la guerra. Ahí es donde dio lo mejor de su escritura, es una novela única.

Basta de lágrimas, dice la primera frase de la “Artemisia” de Anna Banti. Basta de lágrimas, se dice la autora, sentada en un sendero del Boboli, antes de un amanecer de agosto de 1944, a las cuatro de la mañana, cuando los florentinos se atreven a salir de sus casas, para contemplar los destrozos, que han hecho los alemanes durante la noche. Basta de lágrimas, se repite junto a los escombros de su casa, donde ha perdido el manuscrito de su biografía de Artemisa, su amiga de hace tres siglos.

Carmen Romero leyó aquel libro, como leía en la universidad de Sevilla, cundo todo era nuevo y furioso. Artemisa Gentileschi, pintora romana de la época de Caravaggio, hija de un pintor bien situado, fue violada cuando tenía quince años, por un socio de su padre. Artemisa denunció la violación y hubo juicio y, arrastró su deshonra de mujer violada y, no paró de pintar retratos y cuadros magníficos de temas mitológicos, en los que las mujeres se quitaban con jabón, el tacto viscoso de los hombres, como en “Susana y los viejos”, o se vengaban de ellos, como en “Judit decapitando a Holofernes”.

Anna Banti conoció a Artemisia Gentileschi, a través de su marido, el crítico Roberto Longhi, experto en Caravaggio y, en todo ese mundo del barroco romano. Longhi era un académico de la vieja escuela y, sólo le interesaban las obras, no las vidas de quienes los pintaron y, tampoco le hacían gracia las proyecciones psicoanalíticas: no creía que “Judit” fuera la expresión del subconsciente vengativo de la persona, sino un tema mitológico, insertado en una tradición. Cuando Anna Banti se obsesionó por Artemisia, de quien no se sabía gran cosa y, apenas era una nota al pie de las historias del arte italiano, lo hizo por su vida, que narró dos veces con una pasión de amiga, sin prurito veraz ni distancia académica. Pero Carmen Romero supo, desde la primera línea, que leía una obra literaria y no una biografía, lo que significaba que Anna Banti, no le hacía justicia a Artemisia, sino a sí misma. Toda esa verdad y esa pasión, salían de dentro de la escritora, para estrellarse en el fondo del pozo de la pintora.

La lectura de Carmen Romero, irrumpió desde un jardín, en ese diálogo entre mujeres florentinas, incapaz de mantener las distancias filológicas, o conformarse con una curiosidad intelectual de salón. Para trascender la lectura, Carmen se propuso traducir el libro al castellano. Al estudiar cada frase, del toscano pulidísimo de Anna Banti, se ligaba a esa cadena de mujeres y, rompía la maldición que la propia Banti, enunció en el primer texto que leyó de ella, “Le donne muoiono”.

Desde aquella biografía, los estudios sobre Artemisia Gentileschi avanzaron mucho, con documentos y obras, que Banti no llegó a conocer. Cualquier estudioso del barroco tiene hoy, una imagen mucho más completa de la pintora, que la que tuvo la escritora. Pero la traductora Carmen Romero, sigue convencida de que nadie ha superado a Anna Banti, porque el mito de los personajes históricos, se impone a cualquier repertorio de hechos. Artemisia habla con la voz de Banti, que en castellano habla con la voz de Carmen Romero. Basta de lágrimas, empieza el libro en su traducción y, uno no sabe cual de las tres mujeres es la que llora.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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