El PSOE y la supuesta revolución burguesa
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En el año treinta, las tres corrientes internas del PSOE (besteiristas, prietistas, y caballeristas) participaban de un mismo supuesto: que la República que estaba a punto de ser establecida, sería una República democrática burguesa, que realizaría una revolución igualmente burguesa, como primer paso esencial en el camino del progreso y el socialismo.
Pero las conclusiones que extraían de tal premisa las tres corrientes, eran muy diferentes. Besteiro pensaba que los socialistas, deberían dejar que la burguesía hiciera su propia revolución, pues existía la posibilidad de que los socialistas, se encontrasen en la posición contradictoria, de sacar adelante una política burguesa. Prieto opinaba que los socialistas debían colaborar: en primer lugar, porque el establecimiento de derechos democráticos, era un fin valioso en sí mismo; y en segundo lugar, porque estaba convencido de que la burguesía, era demasiado débil para llevar adelante su propia revolución sin ayuda. Largo Caballero estaba igualmente a favor de la colaboración, pero más bien por los beneficios materiales inmediatos, que podía acarrear al movimiento socialista, y por la oportunidad que daba, de preparar la futura implantación del socialismo.
El hecho, de que la premisa en que se basaban tales conclusiones, fuera errónea, ocasionaría divisiones aun mayores entre los socialistas, dado que cada sector reaccionó de modo distinto, al constatar que las esperanzas depositas en la República, no se estaban cumpliendo.
La creencia socialista, de que la vieja España iba a transformarse en una sociedad burguesa moderna, se basaba en dos nociones erróneas. La primera, consistió sencillamente, en considerar a los políticos republicanos del “comité revolucionario” y al Gobierno provisional, como la “burguesía” que iba a cumplir el papel histórico, de la burguesía inglesa del siglo XVII, y de la francesa del XVIII. En realidad, los políticos republicanos pertenecían simplemente, a la intelectualidad pequeñoburguesa urbana. La oligarquía económicamente poderosa no constituía, como se imaginaba la izquierda, una estructura feudal, sino que había integrado ya, grandes sectores de la burguesía.
El segundo error de análisis, era que el momento en que la burguesía española, podía haber tratado de eliminar la obsoleta estructura del antiguo régimen, había pasado hacia ya mucho. La burguesía había sido virtualmente comprada, con la desamortización de las tierras de la Iglesia, y la entrega de las tierras comunales al mercado libre. En este proceso, se invirtió mucho capital mercantil urbano en la tierra, consolidándose el sistema de grandes propiedades latifundistas. La clase que los socialistas esperaban que fuera progresista, se encontraba ya ligada a la vieja oligarquía. Los latifundios se habían convertido en parte del sistema capitalista, y no eran ya vestigios feudales, como creían los socialistas.
Una vez que los industriales catalanes, se retiraron de la alianza de fuerzas progresistas en 1917, y aceptaron participar en el Gobierno de coalición de 1918, la posibilidad de una revolución burguesa, tal y como la concebían los dirigentes del PSOE, no resultaba viable. En gran medida, el desarrollo del movimiento socialista durante los años treinta, estuvo influido por la importancia de un análisis histórico, esencialmente incorrecto, de lo que estaba sucediendo en España.
Los cálculos de los tres sectores del PSOE, se basaban en la certeza de que iba a producirse una revolución progresista, dirigida por la burguesía. Cuando en 1933, quedó claro que no ocurriría tal cosa, cada sector reaccionó de acuerdo, según las normas de conducta, que había establecido durante el periodo prerrevolucionario. Besteiro hizo una retirada quietista a su teoría. Prieto intentó, por todos los medios, consolidar la República, y ayudarla a cumplir sus tareas históricas. Largo Caballero comenzó, con oportunismo, a canalizar el descontento de las secciones más disconformes, de la amargada base.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.