Sobre el “accidentalismo” en la forma de Estado
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Vamos a ver, dijo un ciego. Vamos a ver si nos aclaramos, sobre lo que es “accidentalismo” en las formas de Estado. Accidentalismo viene de accidental, o sea, no esencial. Y con ello, repasemos, consultando fuentes fiables, la historia del PSOE.
El PSOE no nació en la II República. Se fundó el 2 de mayo de 1879 en Casa Labra en Madrid. La República nunca fue una prioridad para los padres fundadores, «que en el mejor de los casos la vieron con simpatía, pero como algo accesorio, y en el peor como un mito político creado por la burguesía». El objetivo para ellos, era la instalación del socialismo en España, partiendo de un análisis marxista de la realidad. La forma del Estado, Monarquía o República, era algo accidental, temporal. Una herramienta más para llegar al socialismo. El PSOE fue el segundo partido socialista y obrero, que se fundó en el mundo (sólo el Partido Socialdemócrata de Alemania, SPD, se había fundado con anterioridad), celebrando su primer congreso en Barcelona en 1888. En dicho congreso se planteó una estrategia de lucha de clases. Durante él, Pablo Iglesias afirmó que "La actitud del Partido Socialista Obrero con los partidos burgueses, llámense como se llamen, no puede ni debe ser conciliadora ni benévola, sino de guerra constante y ruda".
El PSOE, no sin fuertes debates, se fue acercando a los republicanos, en tanto la monarquía de Alfonso XIII no respetaba la democracia, manteniendo el turno de partidos (Conservador y Liberal) diseñado en su día por Cánovas del Castillo.
La Tercera República Francesa (1870-1940), modelo intachable para los republicanos españoles de aquellos días, mantenía unas condiciones laborales oprobiosas, con jornadas de doce horas, dos más que en la monárquica Inglaterra… Países con poder hereditario –monarquía o imperio, como Bélgica, Alemania y el Reino Unido, disfrutaban de derechos y libertades inexistentes en algunas repúblicas que blasonaban de democráticas… Entonces, ¿monarquía o república? Si a los primeros socialistas les daban a elegir, preferían la segunda, pero sin hacer de ello cuestión de principio, porque la causa del socialismo era demasiado grandiosa, como para detenerse en una simple forma de Estado.
Los socialistas tampoco hicieron, hicimos, todo lo posible por consolidar la Republica. Cuando Azaña es elegido Presidente de la misma, el 10 de mayo del 1936, al día siguiente le propone a Indalecio Prieto, presidir el Gobierno. Pero el grupo parlamentario del PSOE, el más importante de la Cámara, controlado por los caballeristas, se opone, por lo cual es elegido Casares Quiroga, de Izquierda Republicana. Mientras tanto el ala izquierda del PSOE, liderada por Largo Caballero, el “Lenin español”, apoyan y vitorean, un sistema como el bolchevique, con gritos de ¡Viva Rusia! y ¡Viva Lenin!
Hay que añadir, que cuando Largo fue liberado del Campo de Concentración de Sachsenhausen, en abril de 1945, dijo: “que si en 1930 le hubieran preguntado qué quería para España habría contestado: «¡República, república, república!»; quince años después, si le hubieran hecho la misma pregunta, habría respondido: «¡Libertad, libertad, libertad! Y luego, que a eso le ponga cada cual el nombre que quiera».
Hace ya cien años Francesc Cambó, a la pregunta ¿Monarquía o República? Respondió: ¡Catalunya! Otra manera de pronunciarse por el “accidentalismo”. O sea, la consideración de la forma de Estado monárquica o republicana, como algo accidental. Lo decisivo sería únicamente, el contenido de las normas constitucionales en que se basara la acción política.
En 1977, yo ya estaba allí, el PSOE optó una vez más por el accidentalismo. La República no era posible, para que la Constitución fuera aprobada por consenso. No existía ni siquiera la posibilidad, de una Constitución votada solamente por las izquierdas, como ocurrió con la de la II República. Ni siquiera muchos republicanos la apoyaban, pues temían una vuelta al pasado. Mi familia era republicana. Mi padre luchó en la guerra, como Teniente del Ejército de la República. Cuando le dije a mi padre, que íbamos a redactar una nueva Constitución, me respondió: Haced lo que estiméis más conveniente, pero no algo que, de nuevo, divida a los españoles en buenos y malos. Y eso hicimos, y creo que acertadamente. Si es cierto, que muchos de nuestros diputados veteranos, que habían vivido la República y la guerra, lloraron a lágrima viva, al votar afirmativamente la forma monárquica. ¡Ah los sentimientos! Con ellos se pueden hacer grandes cosas: una gran obra literaria, una maravillosa pintura, una sublime sinfonía… pero no buena política.
Tengo mil buenos motivos, para militar en el PSOE. Ese del accidentalismo es uno más. El “accidentalismo” de hoy, yo lo entiendo así: ¿Monarquía? ¿República? ¡Constitución!
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.