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¿De derechas o de izquierdas?


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Con frecuencia me he preguntado por qué soy de izquierdas y no de derechas, desde que tengo uso de razón. Y la respuesta siempre me ha parecido esta: por la influencia de mi padre (un republicano azañista, afiliado a la UGT), especialmente por los comentarios que hacía en voz alta en las comidas, a las noticias que por radio daba el informativo, que entonces aún se denominada “El Parte”. Lógicamente después, mis estudios universitarios y mis muchas lecturas, me afirmaron en ese espacio político.

Claro que todos tienen sus propias razones: voto al mismo partido que mis padres y abuelos (o al partido contrario por llevarles la contraria), vengo de un barrio obrero, fui a un colegio de monjas, escuchaba tertulias políticas en mi tierna edad… entre otras muchas. Pero yo creo tener claro, que para mi ha sido un proceso natural, he elegido la ideología que más se ajusta, a como veo personalmente el mundo.

Sin embargo, nos recordaba el otro día Víctor Lapuente, diversos estudios científicos, sugieren que nuestra ideología, está determinada también, por aspectos inconscientes. La estructura neuronal de las personas de izquierdas y de derechas, es distinta. Los progresistas, tiene más materia gris en el córtex del cíngulo anterior, y los conservadores en la amígdala derecha. Frente a estímulos idénticos, la gente de derechas frunce el ceño y parpadea más. Y, aunque los análisis genéticos son difíciles, parece que también, progresista y conservadores, nos diferenciamos en un gen receptor de la dopamina.

Según algunos expertos, como John Hibbing (politólogo estadounidense y profesor de la Foundation Regents University en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Nebraska-Lincoln), lo que caracteriza a las personas de derechas, es que son más sensibles a los cambios (de comida, población, costumbres, lo que sea), sobre todo, los percibidos como negativos o inciertos. Por el contrario, allá donde los conservadores ven una amenaza, los progresistas adivinan una oportunidad.

Y esto haría que nuestras vidas, sean ligeramente distintas. Los conservadores prefieren el arte realista, y los progresistas el abstracto; los hogares de derechas tienen más productos de limpieza y calendarios, y los de izquierdas, más maletas y libros. Todo ello conduce también, a diferentes actitudes políticas. Las personas de derechas, más susceptibles a los estímulos negativos, prefieren políticas que reduzcan las amenazas (como el gasto en defensa, y un trato duro a los criminales), y que fomenten la conformidad social (como cantar el himno nacional en la escuela), la responsabilidad individual (oposición a ayudas públicas generosas), o la tradición, religiosa y familiar.

Pero que la ideología esté parcialmente (al loro, sólo parcialmente) programada en nuestro subconsciente, no quiere decir que izquierdista y derechistas, estemos condenados a enfrentarnos, sino todo lo contrario. Saber que la sociedad, es un mosaico de personalidades políticas, debería ayudarnos a comprender, que ninguna ideología, es esencialmente superior, Y que, por tanto, pactar con el otro, es dialogar con la naturaleza humana.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

 

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