Popper y la pretensión científica del marxismo
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Para algunos tratadistas, Popper fue el crítico más efectivo, frente a la pretensión científica del marxismo.
Para Karl Popper, la auténtica ciencia está abierta a escrutinio, y es capaz de realizar predicciones que pueden comprobarse. Y, cuanto más arriesgadas sean las previsiones, mejor. La pseudociencia – una categoría en la que Popper agrupaba, tanto al neo marxismo, como al psicoanálisis freudiano – o bien declina someterse a comprobación alguna (al no realizar predicciones claras, mediante las cuales, se pueda verificar su falsabilidad, del mismo modo en que la teoría de la relatividad, se puso a prueba con el test de observación, llevado a cabo por sir Arthur Eddington) o bien realiza predicciones, pero luego encuentra siempre el modo, de dar explicaciones justificativas, para los datos aparentemente contradictorios que resultan.
La revolución no tuvo lugar, en el país con el proletariado más desarrollado. “Ah, bueno, pero es porque…“. El capitalismo no se ha destruido por sus propias contradicciones. “Ah, bueno, pero es porque…”. Los neo marxistas, están llenos de “Ah, bueno”. Incluso a día de hoy, sin ir más lejos hace dos días, me veo debatiendo con amigos, que defienden literalmente el marxismo, tal como lo describió el propio Marx. Aunque seguramente, esto es una mera hipótesis, Marx – a quien Popper tenía el máximo respeto – hubiera rectificado muchas de sus teorías, a tenor de los nuevos datos, que venía proporcionando el paso de la historia y los avances de la ciencia.
Como parte de su “esfuerzo de guerra”, Popper trasladó algunas de esas ideas a “La sociedad abierta y sus enemigos”. El libro explora las raíces del fascismo, señalando, con un dedo acusador, especialmente a Platón y Hegel. Pero sus críticas al fascismo, pueden aplicarse a otras formas de totalitarismo, ya sean las que se basan en el fundamentalismo religioso, en el nacionalismo esencialista, o el chauvinismo étnico. Aunque su blanco fue la filosofía del totalitarismo, a Popper no parecía que le importara demasiado, que muchos creyeran que “La sociedad abierta”, había sido escrito, como un texto polémico de la Guerra Fría, dirigido principalmente contra el marxismo.
“La sociedad abierta”, acabó con las nociones de que el progreso es inevitable, y que la historia está gobernada por leyes inexorables, que pueden ser descubiertas. La historia no tiene argumento, insistía Popper. “La historia no puede progresar. Solo los seres humanos individuales, pueden hacerlo”. Y, aunque no se puede garantizar el resultado, la garantía más efectiva para el avance social y económico, para Popper es la “apertura”, que resulta veneno para el totalitarismo. Todavía en el año 2000, un erudito chino, Liu Junning, fue expulsado de la Academia China de Ciencias Sociales, por haber pronunciado una conferencia, sobre “La sociedad abierta”.
La idea de Popper, de que la sociedad avanza mediante el procedimiento de ensayo y error, ha sido para muchos, una de las ideas más importantes del siglo XX. Y, como sucede con muchas ideas realmente importantes, lleva el sello de la simplicidad más absoluta. De igual modo, que la posibilidad de demostrar la falsedad de una teoría, es lo que diferencia a la auténtica ciencia de la pseudociencia, la necesidad de evaluar, poner a prueba y someter a escrutinio, es lo que hace la sociedad abierta, esencial para los avances políticos.
La clarividencia de Popper, consistió en reconocer que la democracia, no debe ser contemplada como un lujo, algo que un país pudiera permitirse, sólo una vez que ha alcanzado, un cierto grado de desarrollo. Al contrario, la propia democracia es un requisito previo para el progreso. El filósofo austriaco, pensaba que la democracia acarrea por sí misma, una actitud racional, que puede resumirse en la frase: “Puede que yo esté equivocado y pude que tu tengas razón, y con un esfuerzo, juntos puede que nos acerquemos a lo cierto”.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.