La emancipación de los católicos en Gran Bretaña. Primera Parte
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Tribuna Libre
Los católicos padecían una clara discriminación en la Inglaterra anglicana desde el siglo XVI. A partir del último tercio del siglo XVIII comenzó un proceso de tolerancia, conocido como la “emancipación de los católicos”, que duró hasta comienzos del siglo siguiente, con el fin de equiparar a los católicos en Gran Bretaña e Irlanda a los anglicanos, reduciendo y eliminando las restricciones seculares establecidas en el Acta de Uniformidad, las Test Acts y las Leyes Penales. Los católicos siempre habían sido requeridos para negar la autoridad espiritual del papa, así como el dogma de la transubstanciación, es decir, la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la substancia del vino en la sustancia de su Sangre, y que se operaría en la consagración en la Eucaristía.
En este artículo nos centraremos en el estudio de las disposiciones religiosas y políticas que establecían la supremacía anglicana y la discriminación católica.
El origen estaría en las Actas de Supremacía, documentos aprobados por el Parlamento inglés en el siglo XVI, por las que se estableció que los monarcas eran la cabeza de la Iglesia de Inglaterra. El Acta de 1534 declaraba a Enrique VIII y sus sucesores como jefes supremos de la Iglesia, reemplazando al papa, aunque fue derogada en el reinado de María I de Inglaterra, casada con el príncipe español Felipe, futuro Felipe II. Acompañando al Acta no debe olvidarse el Acta de Traiciones de ese mismo año de 1534 que estableció que quien rechazara el Acta de Supremacía, privase al rey de su dignidad, título o nombre, o afirmara que era hereje, cismático, infiel o usurpador de la Corona, sería considerado reo de alta traición.
La reina Isabel I reinstauró el poder religioso del Acta derogada en una nueva Acta de Supremacía del año 1559. La reina fue declarada como Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra.
El Acta de Uniformidad de 1559 dio lugar a lo que se conoce como “establecimiento religioso isabelino”. Se declaró, y esto es importante en la historia que pretendemos contar en dos artículos, que quien iba a ocupar cargos públicos civiles o eclesiásticos debía realizar el juramento a la supremacía, imponiéndose sanciones a la violación de dicho juramento, ya que constituía un delito de traición. El juramento se extendió a los miembros del Parlamento y a los estudiantes universitarios.
Las Test Acts fueron, por su parte, unas leyes penales inglesas del siglo XVII, que establecían la revocación de diversos derechos cívicos, civiles o de familia para los católicos y disidentes religiosos, fortaleciendo la discriminación religiosa especialmente en lo referido al acceso a los cargos públicos, además de instaurar el delito de recusación de la fe en la Iglesia de Inglaterra.
La Test Act del rey Jacobo II disponía que todos los creyentes sinceros tenían el deber de recibir la eucaristía, mientras que su sucesor Carlos II terminó por hacer obligatoria la eucaristía para poder acceder a un empleo público.
La siguiente Test Act fue del año 1673. Estableció que toda persona que ocupara un cargo público, civil o militar tenía que prestar juramento de lealtad a la Iglesia de Inglaterra, teniendo que firmar, además, una declaración en la que se rechazaba el dogma de la transubstanciación. Por otro lado, se hacia obligatorio, según esta disposición, que había que recibir los sacramentos en los tres meses siguientes al acceso al empleo. En 1678 se extendieron estas obligaciones a toda la nobleza.
Por fin, las Leyes Penales fueron el conjunto de disposiciones legales impuestas en Irlanda para marginar a los católicos y a los disidentes de la Iglesia de Irlanda. Se trataba de un listado muy exhaustivo de prohibiciones y exclusiones. Ningún católico podía acceder a cargos públicos, no podía haber matrimonios mixtos, los católicos no podían portar armas de fuego ni poder ingresar en el ejército, tampoco podrían pertenecer al Parlamento de Irlanda ni al Parlamento de Inglaterra, ni participar en procesos electorales. Pero, además, no podían heredar si no se convertían, ni adoptar, etc.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.