El análisis socialista sobre la carestía de la vida en el otoño de 1916 (III)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Textos Obreros
En el anterior artículo de esta serie nos quedamos con una agricultura en la Segunda Revolución Industrial donde no se habían aumentado los precios de la producción. En la siguiente columna publicada en El Socialista finalizando el mes de octubre, siguiendo el informe de Bauer, se afirmaba que, en todo caso, la agricultura también había tenido su desarrollo técnico: maquinaria, abonos artificiales, perfeccionamiento de los cultivos, y asociación estrecha entre la agricultura y la industria. Todos estos avances habían permitido un amento del rendimiento agrícola.
Pero la agricultura de los Estados de Europa central y occidental no estaba en condiciones de satisfacer la demanda. La población agrícola disminuía frente al aumento de la que se dedicaba al sector secundario por un trasvase evidente, mientras la población de las ciudades y centros industriales crecía. Por ello, esos Estados estaban obligados a importar de fuera la mayor parte de sus materias primas y artículos de primera necesidad (alimentación), acudiendo a Europa oriental, donde había muy buenas condiciones de fertilidad. El problema es que no se cultivaba de forma moderna porque la propiedad era pequeña y no había mucha formación entre los agricultores. Por eso, el rendimiento de la agricultura de Europa oriental era muy bajo.
En consecuencia, en el cambio de siglo se produjo una clara desproporción entre la industria y la agricultura. Como no se podía responder adecuadamente a las demandas de los Estados industriales los precios aumentaron considerablemente, especialmente en los granos, forrajes, algodón, pieles, etc..
Existía, por lo tanto, una desproporción entre el extraordinario aumento de la población, de las fuerzas del trabajo en ciudades y centros industriales, sí como del capital, y la producción de alimentos y materias primas. Eso provocaba el alza de los precios.
La consiguiente carestía de la vida colocaba al socialismo internacional ante lo que Bauer denominó “su verdadera dimensión”, es decir, libertar el aprovisionamiento del pueblo y cuanto con el guardaba relación de la dominación de la fuerza económica y de la búsqueda de provechos particulares, y de elevar la producción y la distribución al rango de cosa pública, incorporando a todos los trabajadores al servicio de una sociedad organizada, para distribuirla en todos los ramos productivos y en la proporción que la sociedad necesitase.
Seguiremos.
Hemos trabajado con el número 2719 de El Socialista, de 31 de octubre de 1916.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.